CLUB ESTUDIANTIL DE ALUMNOS

Club de Estudiantes Alumnos de Psicología virtual dedicado a los alumnos de la facultad de Psicología UNR, libres y regulares, de todos los años de la carrera.


    Marcuse, Canguilhem, Marì, Marx, Dazinger, Cappelleti, resumen.

    Comparte

    Brunn.
    Admin

    Mensajes : 170
    Fecha de inscripción : 17/12/2010
    Edad : 25
    Localización : Salto, Buenos Aires

    Marcuse, Canguilhem, Marì, Marx, Dazinger, Cappelleti, resumen.

    Mensaje  Brunn. el Vie Dic 17, 2010 11:38 am

    MARCUSE, El hombre Unidimencional (cuadernillo, lecturas y lecciones)

    Herbert Marcuse nació en 1898 en Berlín, en el seno de una familia judía y de buena posición económica. Tras servir al ejército alemán en la primera Guerra Mundial y luego de recibir su doctorado en Literatura en 1922 se instalo en Freiburg, donde había continuado sus estudios con anterioridad, a estudiar Filosofía con Martín Heidegger.

    Su primera publicación fue un artículo de 1928 que sintetizaba las perspectivas filosóficas de la fenomenología, el existencialismo y el marxismo. Él argumentaba que el marxismo pasaba por alto el problema de la individualidad. A lo largo de su vida, se comprometió con la liberación individual, la transformación social y la posibilidad de transición del capitalismo al socialismo. Se unió al Instituto de Investigación Social de Frankfurt en 1933; ese mismo año los nazis llegaron al poder y clausuraron el Instituto.

    En 1934, huyendo del nazismo, se refugió en los Estados Unidos donde vivió toda su vida. Su primera gran obra fue Razón y Revolución (1941), que trataba la génesis de las ideas de Hegel, Marx y la moderna teoría social. En el mismo año de la publicación de dicha obra, Marcuse se integró a la Oficina de Servicios Secretos y trabajó en el Departamento de Estado de EE.UU. Luego de trabajar para el gobierno norteamericano, vuelve al trabajo intelectual luchando contra el fascismo.

    Su papel en la Escuela de Frankfurt fue activo y fundamental. Esta escuela representaba un movimiento filosófico y sociológico fundado en 1923, inspirada por el marxismo, el psicoanálisis y autores como Weber, Nietzsche, Heidegger, etc. Los miembros de la Escuela argumentaba que la sociedad moderna está aquejada de enfermedades que solo pueden “curarse” con una transformación radical de la teoría y la práctica. Sostenían que la tecnología constituye una de esas enfermedades y no es una solución. Asimismo, mantenían que el pensamiento teórico no es del todo independiente de las fuerzas sociales y económicas.

    “Teoría crítica” es un concepto lanzado en 1937 por Max Horkheimer, el director del Instituto de Investigación Social de Frankfurt. El significado del término era producto de una reflexiva concepción de la dialéctica crítica. Este concepto remplazo al de “materialismo histórico” que caracterizaba a Marx.

    La teoría social critica, que es al mismo tiempo una crítica de la civilización industrial y de las modalidades de dominación tecnológica que se instauran en ella a propósito de la racionalidad instrumental, se constituye también como un profundo y lucido examen de las ideologías que en el marco de esa sociedad industrial reafirmaban su dominio, especialmente la filosofía positivista. Los filósofos de Frankfurt retoman un pensamiento dialectico atento a las contradicciones, a los conflictos constitutivos de lo social y es en este sentido un pensamiento negativo, pues se articula sobre un rechazo fundamental a la conciliación de los opuestos y a cualquier síntesis unificadora o conciliadora.

    La teoría crítica compromete a la ciencia social en dos tareas fundamentales, por un lado la crítica de la sociedad industrial alcanzada y por otro lado, una tarea critica de las ideologías que tributan a la racionalidad instrumental y son discursos legitimantes del estado de cosas y dominio. La teoría crítica es razón dialéctica, es fundamentalmente praxis, asume el carácter de una práctica de naturaleza ética y política y tiene la finalidad de contribuir a la transformación social; también se caracteriza por la conceptualización rigurosa, la lógica deductiva, la referencia experimental y la investigación interdisciplinaria. Se puede decir, entonces, que rechaza al positivismo y al pragmatismo pero no es hostil a la investigación empírica.

    Brevemente se puede caracterizar a esta Escuela por un núcleo filosófico y un proyecto científico: el pensamiento crítico-negativo y la teoría social critica.

    Afirmaban que las ciencias no están libres de valores, sino que conllevan supuestos implícitos que deben “desenmascararse” y exponerse en la crítica.

    Dice el sobre su propia obra- El hombre unidimensional: ensayo sobre la ideología de la sociedad industrial avanzada- “mi análisis está centrado en tendencias que se dan en las sociedades contemporáneas más altamente desarrolladas. Hay amplias zonas dentro y fuera de esas sociedades en las que las tendencias descritas no prevalecen, o mejor, no prevalecen todavía”.

    Su teoría de la sociedad unidimensional propone una perspectiva crítica al capitalismo contemporáneo, lo que le valió gran apoyo de sectores críticos, al tiempo que los marxistas ortodoxos lo criticaron duramente.

    Marcuse teoriza sobre la caída del potencial revolucionario en las sociedades capitalistas, además del desarrollo de nuevas formas de control social. La sociedad industrial avanzada creo falsas necesidades que integraron a los individuos en el sistema de producción y consumo. Los medios masivos de comunicación, la publicidad y los modos de pensamiento contemporáneo reproducen el sistema existente y en todo momento amenazan con eliminar la crítica. El resultado es un universo unidimensional de pensamiento conducta. Esta sociedad unidimensional está uniformada, estandarizada e integrada perfectamente según normas habituales y se caracteriza por el conformismo social. Así el individuo queda despojado de toda personalidad, es un ser unidimensional que está afuera de la historia.

    Como respuesta, propone alternativas superadoras que revalorizan el compromiso de la filosofía con la historia.



    * Las nuevas formas de control

    Una ausencia de libertad cómoda es señal del progreso técnico, prevalece en la civilización industrial avanzada. El orden tecnológico implica también una coordinación política e intelectual, puede ser una evolución lamentable y sin embargo prometedora. Los derechos y libertades que fueron factores vitales en los orígenes y etapas tempranas de la sociedad industrial se debilitan en una etapa más alta de la sociedad. Una sociedad que parece cada día más capaz de satisfacer las necesidades de los individuos por medio de la forma en que está organizada priva a la independencia de pensamiento, a la autonomía y al derecho de oposición política de su función básica. Parece de poca importancia que la creciente satisfacción de las necesidades se efectúe por un sistema autoritario o no-autoritario. Bajo las condiciones de un creciente nivel de vida, la disconformidad con el sistema aparece como socialmente inútil, y aún más cuando implica tangibles desventajas económicas y políticas y pone en peligro el buen funcionamiento del conjunto.

    El aparato impone sus exigencias económicas y políticas para expansión y defensa sobre el tiempo de trabajo el tiempo libre, sobre la cultura material e intelectual. En virtud de la manera en que ha organizado su base tecnológica la sociedad industrial contemporánea tiende a ser totalitaria. Es totalitaria también una coordinación técnico-económica no-terrorista que opera a través de la manipulación de las necesidades por intereses creados, impidiendo por o tanto el surgimiento de una oposición efectiva contra el todo.

    La civilización industrial contemporánea demuestra que ha llegado a una etapa en la que la sociedad libre no se puede ya definir en los términos tradicionales de libertades económicas, políticas e intelectuales porque son demasiado significativas para ser confinadas dentro de las formas tradicionales. Libertad económica significa libertad de la economía, liberación de la diaria lucha por la existencia de ganarse la vida. La libertad política significaría la liberación de los individuos de una política sobre la que no ejercen ningún control efectivo. La libertad intelectual significaría la restauración del pensamiento individual absorbido ahora por la comunicación y adoctrinamiento de masas, la abolición de la opinión pública junto con sus creadores. El timbre irreal de estas proposiciones indica el vigor de las fuerzas que impiden su realización.

    Las necesidades humanas son necesidades históricas y, en la medida en que la sociedad exige el desarrollo represivo del individuo, sus mismas necesidades y sus pretensiones de satisfacción están sujetas a pautas críticas superiores.

    Se puede distinguir entre necesidades verdaderas y necesidades falsas. Falsas son aquellas que imponen intereses sociales en el individuo para su represión. Estas necesidades tienen un contenido y una función social, determinadas por poderes externos sobre los que el individuo no tiene ningún control y la satisfacción de estas necesidades es heterónomo. Estas necesidades siguen siendo productos de una sociedad cuyos intereses dominantes requieren la represión. Las únicas necesidades que pueden inequívocamente reclamar son las vitales y la satisfacción de estas necesidades es el requisito para la realización de todas las necesidades. El juicio sobre las necesidades y su satisfacción bajo las condiciones dadas implica normas de prioridad; normas que se refieren al desarrollo óptimo del individuo bajo la utilización óptima de los recursos materiales e intelectuales al alcance del hombre

    La pregunta sobre cuales son las necesidades verdaderas o falsas solo puede ser resuelta por los mismos individuos pero solo en última instancia; siempre y cuando tengan la libertad para dar su propia respuesta. Mientras se les mantenga en la incapacidad de ser autónomos, mientras sean adoctrinados y manipulados su respuesta no puede considerarse propia de ellos.

    Toda la libertad depende de la toma de conciencia de la servidumbre y el surgimiento de esta conciencia se ve estorbado siempre por el predominio de necesidades y satisfacciones que se han convertido en propias del individuo.

    El rasgo distintivo de la sociedad industrial avanzada es la sofocación efectiva de aquellas necesidades que requieren ser liberadas mientras que sostiene y absuelve el poder destructivo y la función represiva de la sociedad opulenta. Aquí los controles sociales exigen la abrumadora necesidad de producir y consumir el despilfarro.

    Bajo el gobierno de una totalidad represiva la libertad se puede convertir en un poderoso instrumento de dominación. Escoger libremente entre una amplia variedad de bienes y servicios no significa libertad si estos bienes y servicios sostienen controles sociales sobre una vida de esfuerzo y de temor, esto es, si sostiene la alienación.

    Uno de los aspectos más perturbadores de la civilización industrial avanzada es el carácter racional de su irracionalidad. El mecanismo que une el individuo a su sociedad ha cambiado, y el control social se ha incrustado en las nuevas necesidades que ha producido.

    Las formas predominantes de control social son tecnológicas en un nuevo sentido. La estructura técnica y la eficacia del aparato productivo y destructivo han sido instrumento decisivo para sujetar la población a la división del trabajo establecida a lo largo de la época moderna. En la época contemporánea los controles tecnológicos parecen ser la misma encarnación de la razón en beneficio de todos los grupos e intereses sociales, hasta tal punto que toda contradicción parece irracional y toda oposición imposible.

    En las áreas más avanzadas de esta civilización, los controles sociales hayan sido introyectados hasta tal punto que llegan a afecta la misma protesta individual en sus raíces. El aspecto socio-psicológico del acontecimiento político que caracteriza a la época contemporánea es la desaparición de las fuerzas históricas que, en la etapa precedente de la sociedad industrial, parecían representar la posibilidad de nuevas formas de existencia. Introyección sugiere una variedad de procesos relativamente espontaneaos por medio de los cuales un Ego traspone lo exterior en interior. Así que introyección implica la existencia de una dimensión interior separada y hasta antagónica a las exigencias externas; una conciencia individual y un inconsciente individual. Hoy en día el espacio privado ha sido invadido y cercenado por la realidad tecnológica. La cultura industrial avanzada es más ideológica que su predecesora, en tanto que la ideología se encuentra hoy en el propio proceso de producción; la producción y la distribución en masa reclaman al individuo en su totalidad.

    La pérdida de la dimensión en la que reside el poder del pensamiento negativo (el poder crítico de la Razón) es la contrapartida ideológica del propio proceso material mediante el cual la sociedad industrial avanzada y reconcilia a la oposición. El impacto del progreso convierte a la Razón en sumisión a los hechos de la vida y a la capacidad dinámica de producir más y mayores hachos de la misma especie de vida, lo hacen al aceptar la ley de las cosas (leyes de la sociedad).

    Los productos adoctrinan y manipulan; promueven una falsa conciencia inmune a su falsedad. Y a medida que estos productos útiles son asequibles a más individuos en más clases sociales, el adoctrinamiento que llevan a cabo dejar de ser publicidad; se convierten en modo de vida. Así surge el modelo de pensamiento y conducta unidimensional en el que las ideas, aspiraciones y objetivos, que trascienden por su contenido el universo establecido del discurso y la acción, son rechazados o reducidos a los términos de este universo.

    Los que hacen la política y sus proveedores de información de masas promueven sistemáticamente el pensamiento unidimensional. Su universo del discurso está poblado de hipótesis que se auto-validan y que repetidas incesante y monopolísticamente, se tornan en definición hipnóticas o dictados.

    Las áreas más avanzadas de la sociedad industrial muestran dos características: una tenencia hacia la consumación de la racionalidad tecnológica y esfuerzos intensos para contener esta tendencia dentro de las instituciones establecidas. Aquí reside la contradicción interna de esta civilización: el elemento irracional en su racionalidad. Es el signo de sus realizaciones. La sociedad industrial que hace suya la tecnología y la ciencia se organiza para el cada vez más efectivo dominio del hombre y la naturaleza para la cada vez más efectiva utilización de sus recursos.

    La industrialización debe preceder al desarrollo de las necesidades y satisfacciones humanas. Pero así como toda libertad depende de la conquista de la necesidad ajena, también la realización de la libertad depende de las técnicas de esta conquista. A este punto la dominación, disfrazada de opulencia y libertad, se extiende a todas las esferas de la existencia pública y privada, absorbe todas las alternativas.



    * Del pensamiento negativo al positivo: la racionalidad tecnológica y la lógica de la dominación

    En la realidad social a pesar de todos los cambios la dominación del hombre por el hombre es todavía la continuidad histórica que vincula la Razón pre-tecnológica con la tecnología. La sociedad que proyecta y realiza la transformación tecnológica de la naturaleza altera la base de la dominación, reemplazando gradualmente la dependencia personal por la dependencia al orden objetivo de las cosas. La dominación genera ahora una racionalidad más alta: la de una sociedad que sostiene su estructura jerárquica mientras explota cada vez más eficazmente los recursos mentales y naturales y distribuye los beneficios de la explotación en una escala cada vez más amplia

    Algo debe estar mal en la racionalidad del sistema mismo. Lo que está mal es la forma en que los hombres han organizado su trabajo social. La organización equivocada de la sociedad exige una explicación más amplia en vista de la situación de la sociedad industrial alcanzada, en la que la integración de las fuerzas sociales anteriormente negativas y trascendentes con el sistema establecido parece crear una nueva estructura social. Esta transformación de la oposición negativa en positiva señala el problema: la organización “equivocada”, al convertirse en totalitaria en sus bases internas, rechaza las alternativas.

    Vivimos y morimos racional y productivamente, las alternativas son utópicas. Esta ideología pertenece al aparato social establecido; es un requisito para su continuo funcionamiento y es parte de su racionalidad.

    El doble significado de la racionalidad es relevante en este contexto. La gestión científica del trabajo aumenta ampliamente la productividad de la empresa económica, política y cultural. El resultado es un más alto nivel de vida. Al mismo tiempo, y sobre las mismas bases, esta empresa racional produce un modelo de mentalidad y conducta que justifica y absuelve incluso los aspectos más destructivos y opresivos de la empresa.

    La cuantificación de la naturaleza, que llevó a su explicación en términos de estructuras matemáticas separó a la realidad de todos sus fines inherentes, y consecuentemente separó lo verdadero de lo bueno, la ciencia de la ética. El sujeto es punto de observación, cálculo y medida, este sujeto no puede jugar su pape científico como agente ético, estético o político. La naturaleza de las cosas incluyendo la de la sociedad fue definida para justificar la represión e incluso la supresión como perfectamente racional. Aquello por lo que la naturaleza debe estar luchando es científicamente racional sólo en términos de las leyes generales del movimiento: físico, químico o biológico. Fuera de esta racionalidad, se vive en un mundo de valores y los valores separados de la realidad objetiva se hacen subjetivos. La única manera de rescatar alguna validez abstracta e inofensiva para ellos parece ser una sanción metafísica; pero tal sanción no es verificable y por tanto no es realmente objetiva

    Si lo bueno y lo bello, la paz y la justicia no pueden deducirse de condiciones ontológicas o científico-racionales, no pueden pretender lógicamente validez y realización universal. Las ideas se convierten en meros ideales y su contenido crítico y concreto se evapora en la atmósfera ética o metafísica.

    Paradójicamente, el mundo objetivo llega a ser cada vez más dependiente del sujeto para su objetividad. El sujeto tratado aquí es un sujeto constitutivo, esto es, un sujeto posible para el que algún dato debe ser o puede ser concebible.

    La ciencia de la naturaleza se desarrolló bajo el a priori tecnológico que proyecta a la naturaleza como un instrumento potencial, un equipo de control y organización. Y la aprehensión de la naturaleza como instrumento (hipotético) precede al desarrollo de toda organización técnica particular.

    El a priori tecnológico es un a priori político, en la medida en que la transformación de la naturaleza implica la del hombre y que las creaciones del hombre salen de y vuelven a entrar en un conjunto social. Cabe insistir todavía en que la maquinaria del universo tecnológico es “como tal” indiferente a los fines políticos; puede revolucionar o atrasar una sociedad.

    La noción de neutralidad se extiende a la ciencia y a la técnica. La máquina es indiferente a los usos sociales que se hagan de ella, en tanto esos usos estén dentro de sus capacidades técnicas.

    Los esfuerzos científicos para establecer la rígida objetividad de la naturaleza conducen a una desmaterialización cada vez mayor de la naturaleza.

    En el grado en que el operacionalismo llega a ser el centro de la empresa científica, la racionalidad asume la forma de la construcción metódica; organización y tratamiento de la materia como el simple material de control, como instrumentalidad que se lleva a si misma a todos los propósitos: instrumentalidad en sí misma. La actitud correcta para lograr esto, es el tratamiento técnico, el logos correcto es tecno-logia, que proyecta y responde a una realidad tecnológica. En esta realidad la materia y la ciencia son neutras. Es este carácter neutral quien relaciona la objetividad a un sujeto histórico específico.

    El operacionalismo puro y aplicado, la razón práctica y teórica, la empresa científica y la de negocios ejecutan la reducción de las cualidades secundarias a primarias, la cuantificación y abstracción a partir de los tipos particulares de entidades.

    La racionalidad de la ciencia pura está libre de valores y no estipula ningún fin práctico, es neutral a cualquier valor extraño que pueda imponerse sobre ella. Pero esta neutralidad es un carácter positivo. La racionalidad científica requiere una organización social específica precisamente porque proyecta formas que pueden llevarse a fines prácticos. La formulación y funcionalización son la forma pura de una práctica social concreta.

    Los principios de la ciencia moderna fueron estructurados a priori de tal modo que pueden servir como instrumentos conceptuales para un universo de control productivo autoexpansivo. El método científico que lleva a la dominación cada vez más efectiva de la naturaleza llega a proveer así los conceptos puros tanto como los instrumentos para la dominación cada vez más efectiva del hombre por el hombre a través de la dominación de la naturaleza. Hoy la dominación se perpetúa y se difunde no sólo por medio de la tecnología sino como tecnología, y la última provee la gran legitimación del poder político en expansión, que absorbe todas las esferas de la cultura.

    La tecnología también provee la gran racionalización para la falta de libertad del hombre y demuestra la imposibilidad técnica de ser autónomo. Esta falta de libertad aparece como una sumisión al aparato técnico que aumenta las comodidades de la vida y aumenta la productividad del trabajo. La racionalidad tecnológica protege así la legitimidad de la dominación.

    La naturaleza comprendida y dominada científicamente, reaparece en el aparato técnico de producción y destrucción que sostiene la vida de los individuos al tiempo que los subordina a los dueños del aparato. La máquina es solo un medio, el fin es la conquista de la naturaleza, la domesticación de las fuerzas naturales.

    El universo científico sería el horizonte de una práctica social concreta que se preservaría en el desarrollo del proyecto científico. Incluso aceptando el instrumentalismo interno de la racionalidad científica, esta ausencia no establecería todavía la validez sociológica del proyecto científico. Con respecto a las formas de vida institucionalizadas, la ciencia tendría así una función estabilizadora, estática, conservadora.

    De cualquier modo que se defina la verdad y la objetividad, ambas permanecen relacionadas con los agentes humanos de la teoría y la práctica, y con su capacidad para comprender y cambiar el mundo. A su vez, esta capacidad depende del grado en el que la materia es organizada y comprendida con aquello que es ella misma en todas las formas particulares. La ciencia contemporánea tiene una validez objetiva. La ciencia gracias a su propio método y sus conceptos, ha proyectado y promovido un universo en que la dominación de la naturaleza ha permanecido ligada a la dominación del hombre: un lazo que tiende a ser fatal para el universo como totalidad. La naturaleza comprendida y dominada científicamente, reaparece en el aparato técnico de producción y destrucción que sostiene y mejora la vida de los individuos al tiempo que los subordina a los dueños del aparato. Así la jerarquía racional se mezcla con la social.

    Las dos racionalidades en contraste no pueden ser correlacionadas con el pensamiento clásico y moderno respectivamente. El pensamiento clásico estaba suficientemente comprometido con la lógica del control secular y hay un componente de acusación y rechazo en el pensamiento moderno.



    MARÍ, Neopositivismo e ideología (cuadernillo y lecturas)

    El objeto principal de la crítica al neopositivismo es su omisión total de los problemas ideológicos en la formación del universo del discurso.

    Encararemos la crítica partiendo de esa impugnación principal y prestando atención a dos cuestiones que deben presidir toda interpretación: en primer lugar, eliminar el viejo error dogmático de rechazar las verdades científicas nuevas al tratarla en conjunción con la ideología que las envuelve. En segundo lugar, no perder de vista la ligadura del pensamiento de los hombres que hemos glosado con su ideario político. La mentalidad clave cultivada por los neopositivistas se inserta a en el neutralismo ético y político. Semejante concepción origina fatalmente una actitud ahistórica y el supuesto de que la filosofía se circunscribe a la formulación de un método seguro y comprobado por el análisis filosófico que preserve al hombre de extravíos lógicos.

    La necesidad, en sí misma no criticable, de salvaguardar la coherencia y el rigor evitando las ambigüedades, hizo que el campo del análisis se restringiera en grados inapropiados. El exagerado recurso del empirismo-lógico a los lenguajes artificiales lo condicionó a considerar el sentido en el horizonte estricto de los presupuestos lógicos y formales que presiden la construcción de los sistemas. En lo que concierne a la filosofía analítica, si bien se apartó de los lenguajes artificiales mantuvo el prurito de precisión que la condujo a limitarse al estudio pragmático de los enunciados constituidos y su transparencia positiva. La omisión de este problema, en corrientes de estudio directamente estampadas a las cuestiones del lenguaje, señala el lado débil de sus aportes al pensamiento moderno. La importancia de esta falencia no nos justificaría si nos limitáramos a su simple mostración, comprometiendo, entonces, nuestras esfuerzos en indagar su origen, rastrear sus causas, teniendo presente, como es obvio, que un pensamiento embanderado en la disolución de los obstáculos lingüísticos no puede obrar por simple desinterés en la problemática.

    Pensaremos más bien que la razón debe computarse a dos hechos de su pasivo conceptivo. El primero se trata de su anotado desinterés por un análisis del lenguaje más abarcante que el que surge del examen de proposiciones aisladas o del juego de ciertas propiedades y relaciones inherentes al sistema semántico construido, según la vertiente de que se trate.

    Marginada del examen neopositivista quedó también la dimensión sintagmática, que identifica las relaciones de discontinuidad de los signos en el mismo nivel del discurso, señalando las violencias, tolerancias y sus libertades de asociación.

    La falta de interés del neopositivismo comprueba una definida visión ideológica que se notará con más precisión por su pérdida de interés en otro ángulo de fundamental relieve. Nos referimos a la marginación de los estudios de los obstáculos sociales y estructurales al proceso de la comunicación. Se trata de obstáculos al desarrollo del conocimiento.

    Marí sostendrá que toda investigación o proposición que no tome en cuenta el factor de la ideología capta y reproduce acríticamente una realidad deformada. Mientras que para los empiristas el rigor científico se basa en la adecuada descripción avalorativa de los hechos mediante un lenguaje rigurosamente ascético desde el punto de vista teórico y concluyen demarcatoriamente que de no existir como punto de partida de toda problemática este tipo de definiciones rigurosas, dicha problemática no pertenece al corpus de la ciencia, es asignificativa o errónea, Marí sostendrá que dicho montaje lingüístico carece del pretendido rigor científico, ya que reduciéndose a una mera descripción pasiva, y al prescindir de la ideología estos métodos no captan el movimiento total y real de la sociedad y sus formaciones. Sostiene, a su vez, que los métodos empiristas no ofrecen más que modelos que presuponen, o validan o reproducen lo dado, quedando enajenados de la posibilidad de configurar los fenómenos sociales en su combinación dentro de un todo-complejo-estructurado.

    Marí rechazará el punto de vista empirista-analítico en sus diferentes corrientes. Na teoría social adecuada debe arrancar de una operación básica: la admisión de la ideología como levadura que precede y tiñe todo el campo de materiales a elaborar en el proceso de la práctica teórica por instrumentos de producción teóricos según una actividad de adecuación y coherencia sistemática específica; actividad que es la natural de la “apropiación” científica, es decir, de la creación del objeto de conocimiento distinto e independiente del objeto real.

    Entre otros problema, el autor destaca el de la separación de los campos ideológico y científico promovida por el cientificismo, y va a ubicar este problema en el centro de la problemática “razón analítica-razón dialéctica”, entendiendo que la razón dialéctica conserva respecto de la razón analítica una anterioridad, no temporal; sino sistemático-estructural, cuyo punto de partida no es el dato personal sino el fenómeno social total. Marí divulga una concepción materialista respecto del conocimiento científico: el conocimiento como proceso de producción.



    Georges,CANGUILHEM, ¿Qué es la psicología? (cuadernillo, lecturas y lecciones)

    Georges Canguilhem nace en 1904 en Francia, estudia Filosofía en la prestigiosa Escuela Normal Superior, tiempo después estudia medicina y obtiene su doctorado en 1943. Al mismo tiempo que su profesión como médico, desarrolla una activa militancia contra la ocupación nazi en Francia.

    ¿Qué es la psicología? Es el titulo de una disertación que el autor dicta el 18 de Diciembre de 1956 en la una conferencia realizada en el Colegio de Filosofía. La realización de la misma estuvo impulsada por el debate que el autor mantenía con el psicoanalista francés Daniel Lagache, quien, desde la conducción de la cátedra de Psicología general, pretendía rescatar una psicología clínica que permitiera la desmedicalización de la práctica clínica. Para esto proponía la unificación del campo de la psicología a través de la complementación de las dos grandes ramas de esta disciplina: la experimental y la clínica, el naturalismo y el humanismo.

    Es preciso tener en cuenta que el campo disciplinar de la psicología no debe reducirse solo a sus aspectos teóricos-metodológicos, sino que hay que entenderla también como tecnología (sus usos y prácticas) y como unidad profesional que supone un grupo de especialistas orientados a establecer cierto privilegio en un campo de saber. Es decir que no sólo fue una respuesta teórica de Canguilhem a Lagache, sino también una respuesta política al programa académico propuesto por este último lo que signó la conferencia.

    La historia de las ciencias deja de ser una mera crónica de sucesos eslabonados cronológicamente para asumirse como una historia que pone su atención en la relación con el conjunto de valores ideológicos, filosóficos de la formación social en la que se inscribe, rompiendo de esta manera la clásica temporalidad histórica según la cual lo último es lo mejor y lo superador.

    Deteniéndose en el acontecimiento científico, Canguilhem plantea la necesidad de dar cuenta de las condiciones que han hecho posible la formación de los conceptos. Entendiendo en este punto que definir un concepto implica la formulación de un problema.

    La historia se corre de ese lugar tradicional de ser un mero relato acerca de los aciertos y errores, para analizar las coyunturas teóricas y prácticas que la constituyen.

    Esta conferencia pone de manifiesto, además, la forma de concebir a la filosofía y su relación con la ciencia. La ciencia debe construir un campo propio y no ser un mero encuentro con el dato; por ello, toda práctica científica depende de proyectos que son “extracientíficos” en los que se inscriben y que forman parte de su historia efectiva.

    Tanto en la construcción de los objetos como en la elaboración y diseño de prácticas metodológicas, hay una decisión que va más allá y que compromete siempre una posición frente al hombre, frente al mundo y frente a la verdad. De ahí que la pregunta ontológica, la pregunta por el ser, en este caso de la psicología, sea la que baliza recurrentemente la posibilidad de la construcción de una historia de la disciplina.



    La pregunta ¿qué es la psicología? Remite a una pregunta sobre su esencia, sobre su concepto; pone en cuestión también la existencia misma del psicólogo.

    En realidad, ante muchos trabajos de psicología, extraemos la impresión de que mezclan a:

    1. Una filosofía sin rigor
    2. Una ética sin exigencia
    3. Una medicina sin control

    Filosofía sin rigor, porque es ecléctica su pretexto de objetividad; ética sin exigencia, porque asocia experiencias etológicas sin crítica; medicina sin control, puesto que las tres clases de enfermedades más inintelegibles y menos curables han proporcionado desde siempre observaciones e hipótesis a la psicología.

    A la pregunta ¿Qué es la psicología?, se puede responder haciendo aparecer la unidad de su dominio, a pesar de la multiplicad de los proyectos metodológicos. Daniel Lagache busca la unidad de la psicología en su definición posible como teoría general de la conducta, síntesis de la psicología experimental, la psicología clínica, el psicoanálisis, la psicología social y la etnología. Sin embargo, esta unidad se parece más a un pacto de coexistencia pacífica concluido entre profesionales, que a una esencia lógica obtenida por la revelación de una constancia en una variedad de casos.

    Lagache, busca un acuerdo sólido entre las dos tendencias: la naturalista(psicología experimental) y la humanista(psicología clínica). Quisiéramos tratar de abordar la cuestión fundamental planteada por una vía opuesta, es decir, buscar si es o no la unidad de un proyecto la que podría conferir su unidad eventual a las diferentes clases de disciplinas llamadas psicológicas. Pero nuestro procedimiento de investigación exige un retroceso: buscar los sectores comunes de los dominios puede hacerse por su exploración separada y su comparación en la actualidad. Para responder a la pregunta planteada, debemos, obligatoriamente, esbozar una historia de la psicología, una historia necesariamente teleológica porque está destinada a guiar hasta la pregunta planteada el sentido originario y supuesto de las diversas disciplinas, métodos o empresas, cuya mescolanza actual legitima esta pregunta.

    Mientras Lagache creía encontrar en la diversidad del campo psicológico su unidad, Canguilhem ve en la diversificación de teorías, escuelas y métodos, no una unidad sino más bien el hecho de que pone en evidencia una multiplicidad de proyectos. Entonces, ni plantear la unificación a partir del objeto de conocimiento ni apostar a la eficacia de la práctica profesional pueden dar las bases para definir qué es la psicología.

    Por ello, investigar los diferentes proyectos implica buscar el sentido de cada uno de ellos en el momento histórico particular en el cual emergen:

    a) Como ciencia natural: Al plantear la psicología como ciencia natural nos está mostrando que parte de la psicología moderna,-la psicofisiología y la psicopatología de origen médico- no quedó exenta de la influencia de pensadores de la antigüedad, en particular de Aristóteles y Galeno. Momento histórico en el que la psicología era considerada como ciencia del alma, donde el alma era concebida como formando parte del ser natural. De esta manera, la psicología no tiene un estatuto independiente, sino que forma parte de la fisiología entendida en su sentido original como teoría de la naturaleza.

    b) Como ciencia de la subjetividad: La emergencia de este tipo particular de psicología estuvo mediada por la declinación de la física aristotélica y el surgimiento de la filosofía cartesiana y de la nueva mecánica. Dentro de este proyecto Canguilhem distingue tres formas diferentes de entender la cuestión de la subjetividad.

    En primer lugar se constituye como una física del sentido externo pretendiendo encontrar dentro de la estructura del cuerpo humano la razón por la cual la experiencia fragua los datos provenientes del exterior. Ya no se describe a los sentidos como la ciencia del alma, sino que aporta otra categoría a la psicología: el cálculo. De ahí la pretensión de reducir los datos de la sensación a constantes cualitativas. La psicología, lejos de plantear su propia autonomía, queda sujeta a una ciencia mejor fundada, en este caso la física moderna.

    También la psicología como ciencia de la subjetividad fue entendida como ciencia del sentido interno o ciencia de la conciencia de sí. Sus fundamentos los encontrará en la filosofía cartesiana para quien el alma era capaz de conocerse sin mediaciones. De esta manera será factible alcanzarla a través de un trabajo de observación de sí, haciendo de la introspección su método propio.

    Por último la psicología como ciencia de la subjetividad se aparece como ciencia del sentido íntimo, tomando la forma de una especie de autobiografía, una técnica del diario íntimo. Con esta posición se produce un desplazamiento en el que se abandona el planteo de un yo pienso para reemplazarlo por un yo quiero, tal como lo plantea Maine de Biran. Dicho desplazamiento tuvo como supuesto la existencia de un espacio interior que se contrapone a la exterioridad, entendiendo al hombre como un organismo viviente dotado y guiado por la inteligencia. En tanto organismo, es preciso afirmar la necesidad de que el alma se encarne, que tenga un soporte biológico. Es por esto que este proyecto no concibe una psicología desvinculada de la biología. Luego con Charcot, la psicopatología médica culmina con el psicoanálisis que introduce el principio de que los procesos psíquicos son inconcientes, es decir, que la psicología no se reduce a ser una ciencia de la conciencia. Entonces, cuando la psicología se propone como ciencia del sentido íntimo, se ve suplantada por un lado por la psiquiatría vinculada a la medicina, y por otro por el psicoanálisis que subvierte la noción de lo íntimo, que deja de ser un espacio propio de la conciencia.

    c) Como ciencia de las reacciones y las conductas: Con ella surge una psicología entendida como una biología de la conducta. Es necesario tener en cuenta por un lado la constitución de la biología como teoría generalde las relaciones de los organismos con el medio. Y por otro lado, el desarrollo del industrialismo que puso énfasis y estuvo orientado hacia el carácter productivo del hombre, intentando de esta manera poner fin al pensamiento especulativo declarado como infértil y ocioso. Ahora al apoyarse de esta manera en la biología, la psicología se convierte en un instrumento que toma al hombre como instrumento, culminando en ser una práctica del peritaje, de los test y de procesos de orientación y selección.

    Canguilhem, llama instrumentalismo a esta nueva concepción que tiene como precursor a la filosofía positivista y al pragmatismo norteamericano. En relación a la psicología sus conclusiones están dirigidas a situar la categoría de adaptación. De aquella resulta un profesional cuya preocupación prioritaria es la de centrar sus investigaciones en leyes de adaptación y aprendizaje dando lugar a un comportamiento, que se constituye así en el instrumento destinado a producir un rendimiento. Este comportamiento es indagado, medido o adaptado. Y así como se disuelve la idea de hombre también con ella se diluye el principio ético de utilidad.

    Por eso, cuando comienza a evaluarse en términos de eficacia pierde sentido un pensar como el filosófico, que no persigue ninguna acción técnica.

    Canguilhem sostiene, como Barchelard, que la historia de laciencia no es una crónica sino la reconstrucción de la temporalidad especifica de cada ciencia, pero considera que esa tempralidad es sólo relativamente autónoma, que sólo por medio de un artificio podría una ciencia ser aislada de su marco cultural, del conjunto de las relaciones y de los valores ideológicos de la formación social en la que existe. Ni el nacimiento, ni la constitución, ni el desarrollo de la “psicología científica”, por ejemplo, es una cuestión estrictamente lógica.



    MARX, El manifiesto comunista (cuadernillo)



    Todo lo que deseo con la publicación de esta traducción italiana sea un augurio del triunfo del proletariado italiano. El “Manifiesto” hace plena justicia al papel revolucionario que el capitalismo desempeñó en el pasado. La primera nación capitalista fue Italia.

    Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo, reconocido ya como una fuerza por todas las potencias del continente



    La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases. Por burguesía se comprende a la clase de los capitalistas modernos, propietarios de los medios de producción social, que emplean el trabajo asalariado. Por proletarios se comprende a la clase de los trabajadores asalariados modernos, que, privados de medios de producción propios, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder existir.



    Opresores y oprimidos se enfrentaron siempre; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes.



    Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase.



    La clase media industrial suplantó a los maestros de los gremios; la división del trabajo entre las diferentes corporaciones desapareció ante la división del trabajo en el seno del mismo taller. El vapor y la maquinaria revolucionaron la producción industrial. La gran influencia moderna sustituyó a la manufactura; el lugar de la clase media industrial vinieron a ocuparlo los industriales millonarios, los burgueses modernos.



    El mercado mundial aceleró prodigiosamente el desarrollo del comercio, de la navegación y de todos los medios de transporte por tierra. Este desarrollo influyó a la vez en el auge de la industria.



    La burguesía moderna, como vemos, es por sí fruto de un largo proceso de desarrollo, una serie de revoluciones en el modo de producción y de cambio.



    La burguesía, después del establecimiento de la gran industria y del mercado universal, conquistó finalmente la hegemonía exclusiva del Poder político en el Estado representativo moderno. El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa.



    La burguesía ha desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario. Ha hecho de la dignidad personal un simple valor de cambio, ha desgarrado el velo de emocionante sentimentalismo que encubría las relaciones familiares y las redujo a simples relaciones de dinero. Ésta no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales. Una revolución continua un la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, un movimiento y una inseguridad constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores.



    Espoleada por la necesidad de dar cada vez mayor salida a sus productos, la burguesía recurre al mundo entero. Mediante la explotación del mercado mundial, dio un carácter cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países.



    Gracias al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la civilización a todas las naciones, hasta las más bárbaras: se forma un mundo a su imagen y semejanza.



    La burguesía ha sometido el campo al dominio de la ciudad. Además, suprime cada vez más el fraccionamiento de los medios de producción, de la propiedad y de la población. Con su dominio de clase, ha creado fuerzas productivas más abundantes y más grandiosas que todas las generaciones pasadas juntas.



    Las relaciones burguesas resultan demasiado estrechas para contener las riquezas creadas en su seno. ¿Cómo vence esta crisis la burguesía? Por una parte con la destrucción obligada de una masa de fuerzas productivas; por otra, por la conquista de nuevos mercados y la explotación más intensa de los antiguos, ¿De qué modo lo hace, entonces? Preparando crisis más extensas y más violentas y disminuyendo los medios de prevenirlas.



    Pero la burguesía no ha forjado solamente las armas que deben darle la muerte; ha producido también los hombres que empuñarán esas armas: los obreros modernos, los proletarios.



    En la misma proporción en que se desarrolla la burguesía, es decir, el capital, desarrollase también el proletariado, la clase de los obreros modernos, que no viven sino a condición de encontrar trabajo, y lo encuentras únicamente mientras su trabajo acrecienta el capital. Estos obreros, obligados a venderse, son una mercancía como cualquier otro.



    El creciente empleo de las máquinas y la división del trabajo quitan al trabajo del proletariado todo carácter sustantivo y le hacen perder con ello todo atractivo para el obrero. Este se convierte en un simple apéndice de la máquina, y sólo se le exige las operaciones más sencillas, más monótonas y de más fácil aprendizaje. Pero el precio del trabajo es igual a su costo de producción. Por consiguiente, cuanto más fastidioso resulta el trabajo, más bajan los salarios.



    La industria moderna ha transformado el pequeño taller del maestro patriarcal en la gran fábrica del capitalista industrial. No son solamente esclavos de la clase burguesa, del Estado burgués, sino diariamente, a todas horas, esclavos de la máquina, del capataz y, sobre todo, del patrón de fábrica



    Una vez que el obrero ha sufrido la explotación del fabricante y ha recibido su salario en metálico, se convierte en víctima de otros elementos de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.



    Pequeños industriales, pequeños comerciantes y rentistas, artesanos y campesinos, toda la escala inferior de las clases medias de otro tiempo, caen en las filas del proletariado; unos, porque sus pequeños capitales no les alcanzan para acometer grandes empresas industriales y sucumben en la competencia con los capitalistas más fuertes.



    El proletariado pasa por diferentes etapas de desarrollo. Su lucha contra la burguesía comienza con su surgimiento: destruyen las mercancías extranjeras que les hacen competencia, rompen las máquinas, incendian fábricas, intentan reconquistar por la fuerza la posición perdida del trabajador de la Edad Media.



    Los intereses y las condiciones de existencia de los proletarios se igualan cada vez más a medida que la máquina va borrando los diferencias en el trabajo y reduce el salario, casi en todas partes, a un nivel igualmente inferior. Como resultado de la creciente competencia de los burgueses entre sí y de las crisis comerciales que ella ocasiona, los obreros empiezan a formar coaliciones contra los burgueses y actúan en común para la defensa de sus salarios. Llegan hasta formar asociaciones permanentes para asegurarse los medios necesarios, en previsión de estos choques circunstanciales.



    A veces los obreros triunfan: pero es triunfo efímero. El verdadero resultado de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez más extensa de los obreros. Esta unión es favorecida por el crecimiento de los medios de comunicación. Más toda lucha de clases es una lucha política. Esta organización del proletariado en clase y en partido político, es sin cesar socavada por la competencia entre los propios obreros.



    La burguesía vive en lucha permanente: al principio, contra la aristocracia; después, contra aquellas fracciones de la misma burguesía cuyos intereses entran en contradicción con los progresos de la industria, y siempre, en fin, contra la burguesía de todos los demás países. En todas estas luchas se ve forzada a apelar al proletariado. De tal manera, la burguesía proporciona a los proletarios las armas contra ella misma.



    Y así como antes una parte de la nobleza se pasó a la burguesía, en nuestros días un sector de la burguesía se pasa al proletariado, particular ese sector de los ideólogos burgueses que han elevado teóricamente hasta la comprensión del conjunto del movimiento histórico. De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. El movimiento proletario es el movimiento independiente de la inmensa mayoría en provecho de la inmensa mayoría



    La burguesía produce, ante todo, sus propios sepultureros. Su hundimiento y la victoria del proletariado son igualmente inevitables.









    KURT DAZINGER, Los orígenes sociales de la psicología moderna (cuadernillo, incompleto)



    Existe un importante sentido en el cual, las cuestiones acerca de los orígenes sociales de la psicología moderna, resultan fundamentales para cualquier consideración del contexto social de las ideas psicológicas especificas durante el siglo presente. Ya que es un periodo durante el cual, la creación y diseminación de ideas psicológicas, se vuelven decididamente influenciadas por la existencia de un grupo profesional - académico de “psicólogos” – el cual reclama el monopolio de la producción y reproducción del conocimiento psicológico validado. Las ideas psicológicas, por supuesto, habían tenido existencia mucho antes del siglo presente, lo que ha cambiado es el contexto social inmediato.

    Los miembros de estos grupos se han instituido ellos mismos, y son gradualmente aceptados como árbitros de lo que constituye o no, conocimiento psicológico validado. Para ser tomadas seriamente, las ideas psicológicas deben atravesar ahora, el prisma formado por el esqueleto normativo e institucional de la comunidad de especialistas reconocidos.

    Las técnicas empíricas fueron aplicadas a problemas psicológicos muy extensamente en el siglo XIX por filósofos profesionales, naturalistas, médicos y aficionados. Los cambios cruciales no se dieron hasta que la aplicación de estas técnicas fueron usadas para legitimar el reclamo del monopolio del conocimiento psicológico valedero, por parte de una comunidad de especialistas auto conociente y organizada.

    La influencia recíproca entre conocimiento psicológico y los intereses y estructuras cognitivas en la sociedad más amplia, se vuelve mediatizada por la comunidad de especialistas.

    Pero existe otra razón para examinar los orígenes de la psicología moderna en el contexto de la sociología del conocimiento psicológico. Enfoques sociológicos alternativos pueden ser aplicados a la cuestión de los orígenes de la psicología moderna; el problema es hallar la perspectiva que resulte adecuada al problema.

    La concepción de la aproximación positivista de una disciplina científica está basada en la noción de progreso acumulativo. Este progreso distingue ciencia de presencia, y es posible de ser “medido” por el numero de publicaciones de investigación. Esta manera de pensar lleva a la conclusión tradicional de que la psicología moderna comenzó en Alemania, y posteriormente traslado su centro a los Estados Unidos.

    Una característica importante es la naturaleza profundamente ahistórica de sus categorías explicativas. Las normas que rigen la actividad científica han sido siempre las mismas y siempre han existido como ideas. Lo que cambia son los roles de los soportes de esas ideas. Es cuando las ideas científicas son tomadas por individuos que ocupan el rol social de científico profesional que ellas llevan a una tradición en investigación continua y acumulativa.

    El nacimiento de disciplinas nuevas, como la psicología, depende por eso de la invención de un nuevo rol, el de un practicante profesional. Tales roles son inventados frecuentemente por individuos con un medio de mejorar las oportunidades de su carrera: esto es llamado “hibridización del rol”.

    En primer lugar, el motor del cambio histórico es buscado en el nivel de la motivación individual. Segundo, los motivos individuales que juegan un rol tan importante, no son establecidos por medio de una investigación biográfica concreta, sino que son imputados en términos de un modelo abstracto implícito de decisión racional.







    Andrés, CAPPELLETTI, La multidimiensionalidad de la Psicología





    Problemas generales de un campo fragmentario y plural

    La psicología se nos aparece mucho más como un conjunto de disciplinas diferentes que una sola y única ciencia. Hay actualmente un pacto de coexistencia pacifica concretada entre los profesionales de las diferentes psicologías. La psicología podría decirse que es una ciencia inmadura pues aún no ha conseguido estableces su labor y sus problemas bajo la aceptación de un único paradigma común.

    Igualmente, mas allá de esa indudable diversidad de teorías hay una ambigüedad que se refiere al estatuto mismo de la psicología que se presenta como ciencia de un ser vivo (y por ello de la naturaleza) y al mismo tiempo como ciencia del hombre que produce y es producto de la cultura. Podríamos llamarlo naturalismo y humanismo. El primero de ellos vinculado al atractivo que ofrece la fuerza objetiva de las ciencias naturales, pone todo el énfasis en el carácter orgánico de los hechos psíquicos y el segundo se vincula a las indagaciones propias de la sociología y la filosofía; los hechos de la vida psíquica se entienden aquí por inevitable referencia a su carácter histórico y a su origen inconsciente.

    Estas dos filosofías se encuentran en la base del debate metodológico entre explicación y comprensión; por un lado las posiciones positivistas que argumentan a favor de una psicología cuya tarea sería el descubrir leyes en función de las cuales los fenómenos del espíritu se engendran unos a otros. Por otro lado, una posición historicista y antipositivista; se le atribuye a las ciencias del espíritu la tarea de comprender las peculiaridades únicas e irrepetibles de sus objetos. La comprensión es el acto a través del cual se consigue aprehender lo psíquico.



    El problema de la cientificidad

    La tradición naturalista comienza con Aristóteles y tiene su punto culminante con Watson, pues allí se proclama el advenimiento de una psicología sin conciencia y sin sujeto que tiene por objeto a la conducta y como propósito producir leyes sobre esa conducta con el modelo de la ciencia física.

    La tradición denominada humanista se remonta hasta Descartes que asegura en el pensamiento una certidumbre a partir del cual puede construirse todo otro pensamiento.

    Es la filosofía positivista la que impulsa los decididos intentos por fundar una psicología que se pretenda científica. En un ambiente fuertemente influenciado por el evolucionismo las necesidades de abandonar las especulaciones metafísicas y el convencimiento de que la materia y los hechos que surgen de la experimentación son los únicos datos que tienen verdadero valor en la construcción de la Ciencia.



    Filosofía, epistemología y psicología

    Durante más de dos mil años no existió una separación entre la filosofía y la psicología. Etimológicamente hablando se sabe que psicología significa ciencia del alma pero no hay acuerdo sobre la naturaleza ni aún sobre la existencia de este objeto. No hay duda, sin embargo, de que en los diversos significados que se le han atribuido al alma es en donde habría que buscar buena parte de los que en la historia podemos denominar ideas psicológicas.

    Muchos psicólogos contemporáneos pretenden haberse desprendido de cualquier influencia filosófica; para ellos, la intromisión de la filosofía es una característica de la etapa pre-científica de los desarrollos psicológicos.

    Las concepciones filosóficas que se hallan presentes en las teorías científicas se refieren especialmente a dos aspectos que difícilmente puedan presentarse separadamente, pues constituyes en conjunto el marco de premisas fundamentales para la formación profesional y científica. En primer lugar, hipótesis ontológicas, constituidas por formas especificas de considerar la naturaleza de los objetos de los que se trate y en segundo lugar, hipótesis epistemológicas, referidas a las formas y los alcances del conocimiento posible acerca de tales objetos. Pero sucede que ese conjunto de hipótesis, no siempre se presentan de forma explícita, por lo que no es posible ninguna práctica ni teoría científica desprendida de las concepciones filosóficas acerca del objeto y de sus formas de conocimiento.

    El complejo y heterogéneo panorama de los discursos psicológicos contemporáneos permite afirmar desde un comienzo que la tarea de la elucidación de concepciones filosóficas subyacentes a las diversas teorías y prácticas de la psicología presentarían dificultades suplementarias.







    Algunos problemas epistemológicos de la Psicologia, Doce lecciones.



    El problema (en sentido filosófico) de la unidad-diversidad: El campo de la psicología está expuesta a una diversidad creciente, una pluralidad heterogénea. Se trata de un campo fragmentario con diversas practicas que hasta a veces resultan contradictorias: con diversos métodos, objetos, intenciones, etc. Hay diferentes líneas y tendencias. Dentro del campo de la Psicología hay cinco grandes escuelas o tendencias



    1) Psicoanálisis: sujeto signado y determinado por el inconciente

    2) Conductismo: producción de conducta, el humano es una máquina-órgano que es posible controlar

    3) Cognitivismo: el humano es una entidad que procesa información

    4) Sistémica: el humano es un ser bio-lógico, “bio” en lo que tiene de biológico, “lógico” en lo que tiene de razón, es un organismo racional.

    5) Personalista: acentúan la reflexión sobre el yo, el ser del que tratan debe entenderse como una persona.



    Estas cinco orientaciones poseen:



    * Un conjunto de enunciados teóricos acerca del objeto del cual tratan , lo describen; también esos enunciados hablan de los métodos que utilizan y al mismo limitan qué es lo que se puede conocer del objeto a estudiar.
    * Proponen ciertas formas de tratar con ese objeto (registro práctico)
    * Un conjunto de técnicas para operar sobre ese objeto del que tratan (técnica=saber hacer)





    Hay elementos dentro de esta diversidad que nos hace pensar en cierta unidad del campo psicológico, los elementos que nos hacen pensar en la unidad, sin embargo, son mucho más débiles:



    * Persistencia de un mismo nombre para designar al campo psicológico (PSICOLOGÍA).
    * La Psicología tomada en su conjunto forma parte de un proyecto que tiene que ver con la cultura occidental y que se vincula con lo que algunos autores llaman normalización (intención de que todos estemos dentro de las normas, de lo normal).



    El problema de la cientificidad: Son numerosos los intentos por hacer de la Psicología una ciencia. ¿Es la Psicología una ciencia? Esta `pregunta es una pregunta que puede vincularse a los intereses positivistas, por ende hay que preguntarse CUÁL Psicología pretende ser ciencia. Esta pregunta es una pregunta vinculada al intento demarcatorio del positivismo dado que el cientificisismo es lo único que puede dar cuenta de alguna verdad del mundo.



    Relación de la Psicología con la Filosofía: En el siglo XIX, se plantea la existencia de una psicología independiente. Hasta este siglo, había sido una parte de la filosofía. ¿Para qué separarlos? Para conseguir el acceso a la cientificidad.

    La Psicología no puede separarse completamente de la Filosofía por un motivo simple: toda teoría tiene al menos dos tipos de presupuestos filosóficos: supuestos ontológicos (referido al ser) y supuestos epistemológicos (referido a las concepciones acerca de cómo se conoce ese objeto). Toda teoría tiene como suelo estos dos tipos de supuestos.



    Relación con otras ciencias: La historia de la Psicología muestra que existe una doble tensión que lleva a captar la Psicología hacia las Ciencias Naturales y hacia las Ciencias Sociales.



    Problema de la relación de la Psicología con la técnica: ¿Por qué la Psicología ha asumido esa forma en la que un psicólogo hace algo con alguien? Hasta principios del siglo XX, la Psicología está desprendida de la técnica, no proponía hacer nada con nadie, salvo pensar.




    Fuente: EPEC.
    Autor del resumen: Bruno Bozzini Funari.

      Fecha y hora actual: Miér Nov 22, 2017 1:00 pm