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    ¿Jesus sí, Iglesia no?

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    Brunn.
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    ¿Jesus sí, Iglesia no?

    Mensaje  Brunn. el Vie Dic 17, 2010 8:23 pm

    Hay veces se escucha de parte de algunos católicos, argumentos como este:

    Para mi el no creer en la Iglesia no significa que siga a Jesús a medias. Es más, creo que si Jesús bajara otra vez a la Tierra tiraría a todas las Iglesias abajo y las crearía de nuevo. Por no "creer" en la iglesia no significa que deje de creer en Dios. Intento seguir al máximo los pasos de mi creador.


    Al decir "para mi", lo que se hace es condicionar su propia fe. El verdadero cristiano ha sometido su modo de interpretar y hacer las cosas a la verdad suprema que es Cristo. No una fe según nos parezca, lo cual sería caer en lo que S.S. Benedicto XVI ha llamado la "tiranía del relativismo".
    ¿Como sabes que sigues los pasos de tu creador? Recuerda que muchos quisieron hacer a Jesús rey, pero al día siguiente, cuando El les enseña que deben comer Su Cuerpo y beber Su Sangre, lo abandonaron porque pensaron que estaba loco Cf. Juan 6. Ellos querían a un Jesus a su manera.
    San Pablo, sin embargo, es coherente con su fe cuando dice:

    "pues para mí la vida es Cristo, y la muerte, una ganancia" -Filipenses 1,21.

    El no somete a Cristo a su gusto sino que somete su vida a Cristo. Esta misma coherencia lleva a San Pablo a dar su vida a Cristo sirviendo a la Iglesia. No se podrían entender las cartas de San Pablo si se suprimiese su enseñanza sobre ser Iglesia en Cristo. Claro que Pablo sabía de los pecados de los miembros de la Iglesia. En sus cartas los confronta con frecuencia. Pero también sabía que en la Iglesia fundada por Cristo los hijos de Dios son perdonados, son alimentados con el mismo Cristo en la Eucaristía, son instruidos en la Verdad y protegidos del maligno. En las cartas de San Pablo la palabra "Iglesia" o "iglesias" aparece 54 veces (¡94 veces en el N.T.!). Continuamente Pablo manifiesta su adhesión, amor y cuidado por la Iglesia a la cual reconoce como Cuerpo de Cristo.

    Ahora me alegro por los padecimientos que soporto por vosotros, y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia -Colosenses 1,24

    De hecho las cartas de Pablo se dirigen a las iglesias o a los pastores de las iglesias, todos ellos miembros de la única Iglesia de Jesucristo. Pues no tiene Cristo sino un Cuerpo y una Esposa (la Iglesia).
    San Pablo también había perseguido a la Iglesia pero se arrepintió profundamente y reconoció que la Iglesia es de Dios.

    Pues yo soy el último de los apóstoles: indigno del nombre de apóstol, por haber perseguido a la Iglesia de Dios. -I Corintios 15,9

    ¿Será entonces que la Iglesia verdadera dejó de existir? Imposible, porque Jesús vino a salvar a los hombres de todas las generaciones hasta el fin del tiempo. Tenemos la promesa de Jesús:

    Y yo a mi veñ te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. -Mateo 16,18

    Jesús advirtió que habría escándalos en la Iglesia y fue muy severo al respecto. ¿Por que? ¿Acaso el rechazó a la Iglesia? ¡Al contrario! Murió por ella. Jesús defiende a la Iglesia de los que quieren mancharla porque en ella recibamos Su vida y Salvación. Por eso increpa a los que en ella escandalizan, porque estos hacen que muchos se alejen de ella y se pierdan.
    Si me dijeras que Jesús quiere renovar a su Iglesia estaríamos de acuerdo. La Iglesia siempre necesita renovación. Pero no se renueva tirándola por tierra y creando algo nuevo. Lo que Jesús hizo no puede cambiarse. No se puede cambiar en la Iglesia su doctrina ni su naturaleza ya que son de Cristo. La verdadera renovación es la que nos propuso Juan Pablo II y ahora Benedicto XVI con una nueva Evangeliñación. Son los hombres los que necesitamos renovarnos en la Iglesia. Los santos son los verdaderos renovadores de la Iglesia porque se nutren de ella y con gratitud le dan a ella los frutos de la gracia. Ellos manifiestan el poder de Cristo operante en su Iglesia.
    San Pablo hace lo mismo que Cristo. En sus cartas confronta con frecuencia el pecado de los miembros de la Iglesia para que la gracias que Dios nos da en ella no sean obstaculiñadas. Pablo sigue siempre fiel a su misión como pastor en la Iglesia, amándola y, como Jesús, dando su vida por ella.

    Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, purificándola mediante el baño del agua, en virtud de la palabra, y presentársela resplandeciente a sí mismo; sin que tenga mancha ni arruga ni cosa parecida, sino que sea santa e inmaculada. -Efesios 5,25-27

    Si amamos a Cristo no podemos sino amar a la Iglesia y obedecerla en todo, ya que El es su cabeña y nos habla a través de sus pastores (Cf. Lc 10,16)

    Bajo sus pies sometió todas la cosas y le constituyó Cabeña suprema de la Iglesia -Efesios 1,22
    Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora manifestada a los Principados y a las Potestades en los cielos, mediante la Iglesia -Efesios 3,10
    A él la gloria en la Iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones y todos los tiempos. Amén. -Efesios 3,21

    No te salgas de la Iglesia. Salirse es tentador, es popular, es fácil de justificar, pero no es la voluntad de Cristo. Los que permanecen fieles reciben el poder de Dios para vencer en las pruebas y manifestar la gloria de Dios.

    Hasta tal punto que nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las Iglesias de Dios por la tenacidad y la fe en todas las persecuciones y tribulaciones que estáis pasando. -II Tesalonicenses 1,4
    El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias. -Apocalipsis 3,22

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