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    Resumen anual linguistica (Parte 1)

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    guille.alfonso91

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    Resumen anual linguistica (Parte 1)

    Mensaje  guille.alfonso91 el Lun Mar 21, 2011 7:15 am

    Saussure: “Curso de lingüística general” (Objetivismo abstracto)
    INTRODUCCIÓN
    CAPITULO 3: Objeto de la lingüística
    1-La lengua, su definición
    Si queremos definir el objeto de la lingüística, encontraremos cosas perfectamente diferentes: no se puede reducir la lengua al sonido, pero no es el sonido el que hace el lenguaje porque es sólo un instrumento del pensamiento y no tiene independencia. A la vez el lenguaje tiene un aspecto individual y uno social inconcebibles el uno sin el otro, e implica en cada instante a la vez un sistema establecido y una evolución. Es por esto que nos vemos obligados a centrarnos en la lengua y tomarla como norma de todas las demás manifestaciones del lenguaje. La lengua es a la vez un producto social de la facultad del lenguaje, y un conjunto de convenciones necesarias adoptadas por el cuerpo social para permitir el ejercicio de dicha facultad en los individuos. El lenguaje es multiforme y heterogéneo. La lengua en cambio, es en sí misma una totalidad y un principio de clasificación. Se podría decir además que no es el lenguaje hablado lo natural al hombre, sino la capacidad de constituir una lengua, un sistema de signos distintos que corresponden a ideas distintas
    2-Lugar de la lengua en los hechos físicos del lenguaje
    Si nos situamos en la lengua, debemos reconstruir el circuito del habla. Este circuito va del cerebro de un individuo A al de uno B. El cerebro de A tiene asociados a los conceptos imágenes acústicas que sirven para su expresión. Este cerebro trasmite los impulsos correlativos a los conceptos a los órganos de la fonación. Éstos realizan movimientos que emiten ondas sonoras, captadas luego por los oídos de B que realizará un proceso inverso, asociando la imagen acústica al concepto. Este proceso se realiza de forma sucesiva.
    De todas maneras, debemos salir del acto individual y pasar al acto social. Todos los hablantes de un idioma tendrán aproximadamente los mismos signos unidos a los mismos conceptos. La lengua no es una función del sujeto, sino un producto que registra pasivamente, sin premeditación, y la reflexión sólo interviene en ella en la actividad de clasificación. Para adquirirla se centra en las facultades receptiva coordinativa. El habla, en cambio, es un acto individual voluntario en inteligente, realizando combinaciones mediante las cuales utiliza el código y existiendo un mecanismo psicofísico que le permite realizarlas. Entonces la lengua es la parte del lenguaje en que la imagen auditiva se asocia a un concepto, y la parte social exterior al individuo que por si solo no puede modificarla. Es un objeto que se puede estudiar separadamente del habla; es un sistema homogéneo donde las dos partes del signo son igualmente psíquicas, y es concreta, siendo que sus contenidos tienen sede en el cerebro.
    3-Lugar de la lengua en los hechos humanos: la semiología
    La lengua puede clasificarse entre los hechos humanos, mientras que el lenguaje no. Es un sistema de signos que expresan ideas. Por ellos se puede concebir una ciencia que estudie la vida de los signos en el seno de la vida social, cuyo objeto sean los sistemas regidos por la arbitrariedad del signo. Ella será la semiología, y nos enseñará en que consisten los signos y cuáles son las leyes que lo rigen. La lingüística será solo una parte de esa ciencia general, y en ella se aplicarán las leyes que la ciencia madre descubra.
    PRIMERA PARTE
    CAPITULO 1: Naturaleza del signo lingüístico
    1-Signo, significado, significante
    El signo lingüístico no une una cosa y un nombre, sino un concepto y una imagen acústica, siendo esta última no el sonido material sino su huella psíquica. Como estamos acostumbrados a emplear el termino signo para referirnos sólo a la imagen cambiaremos los términos por significado y significante.
    2-Primer principio: la arbitrariedad del signo
    El vínculo que une el significante al significado es arbitrario. Cualquier significado podría estar representado por cualquier sucesión de sonidos indistintamente. Esto no quiere decir que dependa de la libre elección del hablante, sino que no tiene ninguna vinculación natural con el significado. Se podría objetar el caso de las onomatopeyas y las exclamaciones, pero no revisten gran importancia.

    3-Segundo principio: carácter lineal del significado
    Por ser de naturaleza auditiva, el significante se desenvuelve en el tiempo, por lo que representa una extensión lineal. No debe causar confusión el hecho de, por ejemplo, acentuar una sílaba, puesto que no constituye una acumulación de significados, sino un solo acto fonatorio
    SEGUNDA PARTE
    CAPÍTULO 2: Inmutabilidad y mutabilidad del signo
    1-Inmutabilidad
    Ni el individuo ni la masa pueden ejercer la soberania sobre la palabra. En cualquier época, la lengua aparece siempre como una herencia de la precedente. Esto se debe a 4 causas:
    1- El carácter arbitrario del signo, que no niega teóricamente la posibilidad de cambio, pero para producirse debería ser fundado en una norma razonable, y la lengua carece de dicha base
    2- La multitud de signos necesarios para constituir cualquier lengua
    3- El carácter demasiado complejo del sistema
    4- La resistencia de la inercia colectiva a la innovación lingüística. La lengua abarca a todos los individuos hablantes: quizá podría modificarse si unos pocos la usaran, pero no es así
    2-Mutabilidad
    El tiempo que asegura la continuidad de la lengua, a la vez altera mas o menos rápidamente los signos lingüísticos. El signo puede alterarse porque mantiene su continuidad, y por ello también persiste la materia antigua en el cambio, que consiste siempre en un desplazamiento entre significado y significante. La lengua no puede defenderse de las alteraciones en consecuencia de la arbitrariedad del signo: por no estar regida por leyes razonables.
    La evolución de la lengua es un fenómeno complejo, puesto que en teoría nadie puede cambiar nada en ella, y sin embargo la arbitrariedad del signo supone libertad para modificarla, aunque ni un individuo ni una sociedad puedan hacerlo directamente.
    CAPÍTULO 3: Lingüística estática y lingüística evolutiva
    1-Dualidad interna de todas las ciencias que operan con valores
    La mayoría de las ciencias corrientes ignoran el efecto del tiempo, puesto que para ellas no produce ningún efecto. En la lingüística, tal como ocurre en la economía, esto no puede hacerse, porque en ambos casos se trata de sistemas de equivalencias entre cosas de órdenes diferentes, siendo en una un trabajo y un salario y en la otra un significado y un significante. Ningún sistema es tan complejo como la lengua, por la gran cantidad y diversidad de términos en dependencia recíproca más estricta. No podemos estudiar los signos en sus relaciones en el tiempo y a la misma vez en sus relaciones en el sistema. Nos vemos obligados a establecer dos lingüísticas, una sincrónica (estado de la lengua) y una diacrónica (su evolución)
    2-La dualidad interna y la historia de la lingüística
    Para el hablante la sucesión de la lengua en el tiempo no existe, porque él está ante un estado. No se puede describirla ni fijarle normas de uso más que para un estado determinado. La lingüística se ha visto sumergida durante mucho tiempo en el estudio diacrónico. Debemos volver a un punto de vista estático, pero también sentir la oposición de los dos órdenes para sacar todas las consecuencias que ella provoca.
    3-La dualidad interna ilustrada con ejemplos
    1- Un hecho diacrónico es un suceso que tiene su razón de ser en sí mismo. Las consecuencias sincrónicas que puedan derivar le son completamente ajenas.
    2- Esos hechos diacrónicos no tienden ni siquiera a cambiar el sistema. No se ha querido pasar de un sistema de relaciones a otro. La modificación no recae sobre la ordenación, sino sobre los elementos ordenados
    3- Todo estado tiene un carácter fortuito. El estado resultante del cambio no estaba destinado a señalar las significaciones de que se impregna
    4- El hecho sincrónico es siempre significativo, porque siempre pone en relación dos términos simultáneos. El diacrónico es al revés, no importa más que un término, y para que aparezca una nueva forma es necesario que una antigua le ceda su puesto
    4-La diferencia de los dos órdenes ilustrada por comparaciones
    Se puede hacer una comparación entre el desarrollo de la lengua y un juego de ajedrez. Un estado del juego corresponde a un estado de la lengua. El valor respectivo de las piezas depende de su lugar en el tablero, del mismo modo que en la lengua cada término tiene su valor por oposición a todos los otros. Asimismo, el sistema nunca es más que momentáneo, y se rige por reglas determinadas de antemano, que en la lengua serían los principios constantes de la semiología. Por último, para pasar de una sincronía a otra, basta el movimiento de una sola pieza. El cambio no pertenece a ningún estado, y por lo mismo no reviste ninguna importancia.
    La única objeción posible a esta comparación es que el jugador de ajedrez tiene intención de producir una modificación, mientras que la lengua no premedita nada.
    5-Las dos lingüísticas opuestas en sus métodos y sus principios
    Por empezar, el estudio sincrónico es más importante que el diacrónico, ya que para la masa hablante es la verdadera y única realidad; y si el lingüista se centra en la diacronía no percibirá la lengua, sino una serie de acontecimientos que la modifican.
    Los métodos difieren en dos maneras:
    1- La sincronía no conoce más que la perspectiva de los sujetos hablantes, y su método consiste en recoger su testimonio: para saber en qué medida una cosa es realidad será suficiente averiguar en qué medida existe para la conciencia de ellos. La diacronía debe distinguir dos perspectivas: una prospectiva que siga el curso del tiempo y una retrospectiva que lo remonte
    2- El estudio sincrónico no tiene por objeto todo cuanto es simultáneo, sino solamente el conjunto de hechos correspondientes a cada lengua, según lo requiere la necesidad. La lingüística diacrónica rechaza una especialización semejante: los términos que considera no pertenecen forzosamente a una misma lengua, puesto que la sucesión de hechos diacrónicos y su multiplicación espacial es lo que produce la diversidad de idiomas
    6- Ley sincrónica y ley diacrónica
    Podemos preguntarnos si, siendo la lengua una institución social, las leyes que la rigen son análogas a las leyes sociales. Toda ley social es imperativa y general, puesto que se impone y se extiende en todos los casos. Veremos que esto no es así:
    1- La ley sincrónica es general, pero no imperativa. Si bien se impone a los individuos por el uso colectivo, no existe una obligación para los sujetos. Simplemente consigna un estado de cosas
    2- La diacronía es imperativa pero no es general. En realidad, no es una ley, puesto que los sucesos diacrónicos siempre tienen carácter accidental y particular La alteración del sistema se cumple por la acción de sucesos que no sólo le son extraños, sino que están aislados entre sí. Las transformaciones fonéticas no alteran directamente a las palabras, puesto que raramente modifican su esencia. Se suele hablar de leyes fonéticas derivadas de la diacronía, pero estas “leyes” no lo son tampoco, puesto que todos los hechos que abarcan no son más que manifestaciones de un solo hecho particular
    7- ¿Hay un punto de vista pancrónico?
    Si, puesto que hay reglas que sobreviven a todos los acontecimientos, siendo princiopios generales independientes de los hechos. Pero en cuanto a lo concreto de la lengua, a los hechos particulares y tangibles, no hay punto de vista pancrónico posible.
    8- Consecuencias de la confusión de lo sincrónico y lo diacrónico
    La verdad sincrónica parece ser a negación de la verdad diacrónica, pero en realidad ambas subsisten sin excluir a la otra: etimología y valor sincrónico son cosas distíntas. Asimismo, puede haber una gramática sincrónica y una diacrónica, pero ambas serían importantes (una para la evolución, otra para lo concreto del lenguaje)
    La verdad sincrónica concuerda con la diacrónica de modo que se las confunde o se cree que no deben desdoblarse, cuando en realidad, para reestablecer la verdad siempre deben tomarse e cuenta ambos estudios (podemos pensar que una palabra deriva directamente de la consecuencia de un hecho diacrónico, cuando hay uno sincrónico que también tuvo influencia)

    CAPÍTULO 4: El valor lingüístico
    1- La lengua como pensamiento organizado en la materia fónica
    Haciendo abstracción de las palabras, nuestro pensamiento no es sino una nebulosa en que nada está delimitado antes de la aparición de la lengua. La materia fónica es plástica y se divide en partes para suministrar los significantes que el pensamiento necesita. El corte entre los sonidos y las ideas da forma a la masa amorfa del pensamiento. Pero podemos decir que el papel característico de la lengua no es el de crear un medio fónico material para la expresión de las ideas, sino de servir de intermediara entre pensamiento y sonido y dar lugar a las delimitaciones recíprocas. Asimismo, la colectividad es necesaria para establecer estos valores, cuya única razón consiste en el consenso y el uso, y que el individuo no puede lograr por sí solo.
    El concepto de valor, nos muestra también que no debemos considerar la idea de valor simplemente como la unión de una idea y un concepto, pues esto sería aislarlo del sistema del que forma parte.
    2- El valor lingüístico considerado en su aspecto conceptual
    ¿En qué difiere el valor respecto de lo que se llama significación? El valor es un elemento de la significación. La lengua es un sistema en que todos los términos son solidarios, y el valor de uno sólo deriva de la presencia simultánea de otros. Los sistemas de valores siempre están compuestos por elementos que son susceptibles de intercambiarse por otros distintos, y otros más similares a los primeros (Billete por pan, billete por su equivalente en monedas). De esta manera, una palabra puede cambiarse por el concepto al que significa, y puede compararse con las palabras que se le oponen.
    3- El valor lingüístico considerado en su aspecto material
    Lo que importa del aspecto material, es decir del sonido, no es el sonido mismo, sino las diferencias fónicas que permiten distinguir una palabra de las demás. Como el signo es arbitrario, ninguna parte de la lengua puede definirse de otra manera que no sea por su diferencia con las otras. Incluso pronunciaciones distintas (como pueden ser el acento de un español y el de un argentino) no alteran a la lengua, puesto que ésta no se basa en la homogeneidad sino en la diferencia. Lo mismo pasa en la escritura, cuyos signos son arbitrarios, encuentran su valor en la diferencia, y lo único esencial es que no se confunda
    4- El signo considerado en su totalidad
    Decir que en la lengua todo es negativo respecto a las definiciones sólo es verdad en cuanto a significado y significante tomados separadamente. Tomado en su totalidad, el signo es positivo. Aunque significado y significante sean vistos separadamente como diferenciales y negativos, su combinación es un hecho positivo. Toda diferencia ideal percibida por el espíritu busca expresarse por significantes distintos, y dos ideas que no se diferencian tienden a confundirse en el mismo significante
    CAPÍTULO 5: Relaciones sintagmáticas y relaciones asociativas
    1- Definiciones
    Las relaciones sintagmáticas son aquellas que se componen de unidades consecutivas. Situado en un sintagma, un término solo adquiere su valor porque se opone al precedente, al siguiente o a ambos; Por otra parte, están las relaciones asociativas: las palabras se asocian en la memoria, formándose relaciones muy diversas, como por su semejanza fónica, su longitud, su significación. Una palabra siempre puede evocar todo lo que sea susceptible de estarle asociado de una manera u otra.

    Benveniste “Naturaleza del signo lingüístico” (Crítica a Saussure)

    Saussure enseñó que la naturaleza del signo es arbitraria. Por “arbitrario, el autor entiende que es “inmotivado”, es decir en relación con el significado, con el cual no tiene nexo alguno natural en la realidad. El signo no es la asociación entre una cosa y un nombre, sino entre un concepto y una imagen acústica. Pero este razonamiento de Saussure está falseado porque recurre inconscientemente a un tercer término no contemplado en él, que es la realidad: la “cosa”, excluida de la definición de signo, entra por un rodeo. Sólo si se piensa en referencia a esta realidad, a la cosa concreta, podemos decir que el nexo entre ella y el signo es arbitrario.

    Entre significado y significante el nexo NO es arbitrario: es necesario. El concepto es por fuerza idéntico en mi conciencia a la imagen acústica. Hay entre ellos una simbiosis tan estrecha que el significado es como el alma del significante. Esta consustancialidad del significante y el significado asegura la unidad estructural del signo lingüístico. Lo que es arbitrario es que tal signo sea aplicado a tal elemento de la realidad y no a tal otro. Para el sujeto parlante, hay entre la lengua y la realidad una adecuación completa: el signo rige y cubre la realidad, es esta realidad. Entonces, lo que Saussure demuestra sigue siendo cierto, pero acerca de la significación, no del signo.

    Otro problema afectado por la definición de signo es el del VALOR: el valor es un elemento del signo; si el signo mismo no es arbitrario como se plantea aquí, se sigue que el carácter “relativo” del valor no puede depender de la naturaleza arbitraria del signo. Decir que los valores son relativos significa que son relativos los unos con respecto a los otros, y esto es prueba de su necesidad. Todo es tan necesario que las modificaciones del conjunto y del elemento particular se condicionan recíprocamente. Si la lengua es otra cosa que un conglomerado de nociones erráticas y sonidos emitidos al azar, es cierto que hay una necesidad inmanente a su estructura como a toda estructura. El carácter absoluto del signo rige a su vez la necesidad dialéctica de los valores en constante oposición, y forma el principio estructural de la lengua.

    Voloshinov “El signo ideológico y la filosofía del lenguaje”
    Plantea críticas al objetivismo abstracto
    La primera cuestión es que los representantes del objetivismo abstracto caracterizan al sistema de la lengua como un hecho subjetivo, exterior e independiente de cualquier conciencia individual. Pero él plantea que, representado como un sistema de normas inmutables e idénticas a sí mismas, sólo puede ser percibido así por la conciencia individual. La lengua no es inerte, sino que constantemente se generan nuevas normas que la rigen. Pero cada persona, en el período en que vive, percibe el sistema como sincrónico. No podemos decir entonces que la lengua tenga existencia objetiva de la manera en que la hemos planteado, pero sí que para el individuo la tiene. Saussure debería haber definido con mayor claridad respecto a qué considera la existencia de objetividad.

    La segunda cuestión es si la lengua realmente existe para la conciencia del hablante como un sistema objetivo de formas. Voloshinov opina que no es así, que la conciencia subjetiva del individuo no opera de éste modo. La atención del hablante se concentra en relación con el enunciado concreto y particular que produce. No valora aquél aspecto de la forma que es invariablemente idéntico en cualquier circunstancia en que lo usa, sino el aspecto flexible que le permite convertirse en un signo adecuado para distintas situaciones concretas. En otras palabras, al hablante no le importa su carácter de signo estable y autoequivalente (que es sólo una abstracción), sino su carácter de signo adaptable y siempre cambiante.

    La tercera cuestión es cómo se justifica, en relación a objetivos prácticos, sostener la abstracción que conduce a la existencia de la lengua como sistema sincrónico, y cómo puede esto ser productivo. El autor plantea que este enfoque tiene su origen en la filología, estudio de lenguas muertas preservadas en escritos. Desde esta disciplina, el monumento se separa de su dominio real y se estudia como una unidad aislada e independiente. Pero esta abstracción es sólo útil a los fines de la comprensión de una lengua muerta extranjera, y no para la investigación sobre lenguas vivas, ya que nos aparta de la viva realidad dinámica de la lengua

    Jakobson: “ensayos de lingüística general”( Circuito de comunicación)

    El circuito de la comunicación
    El DESTINADOR manda un mensaje al DESTINATARIO. Para que sea operante, el mensaje requiere un CONTEXTO de referencia, un CÓDIGO común al menos parcialmente a destinador a destinatario, y un CONTACTO, canal físico y conexión psicológica entre destinador y destinatario que permiten establecer y mantener una comunicación


    Cada uno de estos seis factores determinan una función diferente del lenguaje. A pesar de esto, es difícil encontrar mensajes que satisfagan una sola. La diversidad no está en el monopolio por parte de alguna de ellas, sino por un orden jerárquico diferente.

    FUNCIÓN REFERENCIAL: Su orientación es hacia el contexto

    FUNCIÓN EMOTIVA: Se centra en el destinador, apunta a una expresión directa de la actitud del hablante ante aquello de lo que está hablando: tiende a producir la impresión de una cierta emoción

    FUNCIÓN CONATIVA: Se orienta hacia el destinatario. Halla su más pura expresión en el vocativo y el imperativo.

    FUNCIÓN FÁTICA: Se orienta hacia el contacto. Se utiliza para asegurarse de que el canal de comunicación funciona, o para llamar la atención del destinatario, o verificar si ésta se mantiene.

    FUNCIÓN METALINGÜÍSTICA: Se centra en el código, y se emplea cuando los hablantes quieren
    saber si están hablando el mismo código, si las expresiones se entienden correctamente

    FUNCIÓN POÉTICA: Se orienta hacia el mensaje. No se limita sólo a la poesía, y se basa en cierta forma en normas estéticas, y profundiza la dicotomía entre signos y objetos


    Kerbrat Orecchioni “La enunciación - de la subjetividad en el lenguaje” (reformulación del esquema de Jakobson)

    Se ha hecho tradicional comenzar cualquier reflexión acerca de la comunicación verbal recordando el modelo de Jakobson. Si bien en cualquier comunicación se encuentran los factores que él indicó, a su esquema se re puede reprochar no haber considerado suficientes elementos.

    El código
    El código aparece formulado en singular y suspendido en el aire entre emisor y receptor, lo cual plantea 2 críticas:
    PROBLEMA DE LA HOMOGENEIDAD DEL CÓDIGO: Es inexacto que los dos participantes de la comunicación, aún si pertenecen a una misma comunidad lingüística, hablen exactamente la misma lengua. Semejante optimismo deja de lado con demasiada facilidad las ambigüedades, las dudas y los fracasos de la comunicación. Sin embargo, es innegable que se establece un cierto consenso sobre las significaciones, lo que hace posible una intercomprensión al menos parcial, y que las palabras tienen, en la lengua, un sentido o más bien sentidos relativamente estables e intersubjetivos. Pero esta intercomprensión no puede ser sino parcial, puesto que dos enunciadores nunca tendrán exactamente la misma concepción de la lengua.
    PROBLEMA DE LA EXTERIORIDAD DEL CÓDIGO: Aún cuando la modalidad de existencia del código en los enunciadores es misteriosa, es seguro (como afirma Chomsky), que sólo funciona como competencia implícita de un sujeto (conjunto de aptitudes que éste ha internalizado). Incluso deberíamos establecer una distinción entre competencia para la producción y competencia para la interpretación.

    El Universo del discurso
    Es inexacto representarse al emisor como alguien que para confeccionar su mensaje elige libremente tal o cual ítem léxico, sin otra restricción que “lo que tiene que decir”. Aparecen limitaciones suplementarias, que dependen de dos factores:
    1) Las condiciones concretas de la comunicación
    2) las restricciones de género (caracteres temáticos y retóricos del discurso)

    Las competencias no lingüísticas
    A las competencias estrictamente lingüísticas del emisor y el receptor agregamos:
    1) Sus determinaciones psicológicas, que desempeñan evidentemente un papel importante en las operaciones de codificación/decodificación
    2) Sus competencias culturales o enciclopédicas (El conjunto de los conocimientos implícitos que conocen sobre el mundo), e ideológicas (Los sistemas de interpretación y evaluación del sistema referencial

    Los modelos de producción e interpretación
    Los modelos de competencia lingüística explicitan el conjunto de conocimientos sobre su lengua que tienen los sujetos, pero cuando esos conocimientos se movilizan con vistas a un acto enunciativo efectivo, los sujetos hacen funcionar reglas generales que rigen los procesos de codificación y decodificación, siendo su conjunto el de los modelos de producción e interpretación. Se asume provisoriamente la hipótesis de que, a diferencia de los modelos de competencia, éstos son comunes a todos los sujetos hablantes. Mencionamos entre estos modelos las siguientes diferencias.
    1) En el modelo de competencia, el orden de las reglas no es relevante. En los de producción e interpretación ese órden representa un papel primordial, puesto que se trata de describir procesos efectivos ordenados en el tiempo.

    2) Los modelos de producción e interpretación se apoyan sobre el modelo de competencia y su propósito es hacerlo funcionar.
    3) A la inversa, otros factores, distintos de la competencia lingüística, entran en juego en los modelos de producción e interpretación: competencia cultural, datos situacionales, etc.


    Propiedades de la comunicación verbal
    1) REFLEXIVIDAD: el emisor del mensaje es al mismo tiempo su primer receptor
    2) SIMETRÍA: El mensaje verbal pide generalmente una respuesta, es decir que todo receptor funciona al mismo tiempo como un emisor en potencia
    3) TRANSITIVIDAD: Un sujeto puede comunicar una información que otro emisor le ha contado, sin haber experimentado él mismo su validez

    La complejidad de las instancias emisoras y receptoras
    Esta presentación sólo da cuenta del caso más simple y mas raro: El de la comunicación dual (“cara a cara”). Sería urgente establecer la tipología de las situaciones que tome en cuenta el número y el estado de los miembros del intercambio verbal:

    1) En la fase de emisión se pueden encontrar superpuestos muchos niveles de comunicación (Jakobson mismo lo dice). Introduciremos la siguiente distinción:
    a) El destinatario propiamente dicho se define por ser explícitamente considerado como tal por el emisor. Por lo tanto, las operaciones de codificación están parcialmente determinada por la imagen de ellas que el emisor construye
    b) El emisor puede preocuparse además por la presencia de destinatarios indirectos, que sin estar integrados en la relación de alocución, funcional como testigos del intercambio e incluso a veces influyen en él de manera decisiva
    c) Pueden existir receptores adicionales, que el emisor no podrá prever, ni por tanto la interpretación que darán a su mensaje

    Para cada una de esas tres categorías es muy variable el número de elementos que pueden intervenir. Éstos pueden estar físicamente presentes en la comunicación o bien estar ausentes (excepto los adicionales), tener o no la posibilidad de responder (comunicación simétrica/unilateral), y pueden estar estratificados (como en una entrevista, o un diálogo teatral),



    Las interacciones que se dan entre estos diversos componentes
    El inconveniente principal del esquema es que no ubica en sus casillas más que términos:
    a) No son más que palabras a las que se trata de dar un contenido preciso: hasta el momento sólo conocemos en la realidad la competencia lingüística, siendo todos los otros componentes de la comunicación tierras desconocidas
    b) Son términos de relaciones: los diferentes elementos están puestos como si no existieran problemas de límites e interacción entre ellos, siendo por ejemplo emisor y receptor como dos burbujas impermeables que se cuidan bien de intersectarse

    LA ENUNCIACIÓN
    Siendo la enunciación nuestro campo de estudio, debemos definirla. Diremos en principio que es el conjunto de los fenómenos observables, cuando se pone en movimiento durante un acto particular de comunicación, el conjunto de los elementos que hemos previamente esquematizado.

    “Enunciación restringida” frente a “enunciación ampliada”
    Concebida en forma amplia, la lingüística de la enunciación tiene como meta describir las relaciones entre el enunciado y los diferentes elementos del marco, siendo éstos el emisor y los destinatarios y la situación de la comunicación.
    En forma restrictiva, la lingüística de la enunciación solo se interesa por el hablante-escritor, considerando como hechos enunciativos las huellas lingüísticas del locutor en su enunciado. Es decir, es un estudio sólo en tanto a los términos subjetivos

    Austin: “Emisiones realizativas”
    Este texto comienza hablando sobre las posturas de dos movimientos que estudian las emisiones, y que consideran que los únicos que revisten interés son aquellos que describen situaciones con verdad o con falsedad. El primero, el movimiento verificacionista, planteó que si las emisiones son verdaderas o falsas, debe poder decirse qué son, y que si no se puede, son simplemente sinsentidos. El segundo movimiento, el del uso del lenguaje, planteó la posibilidad de que algunas emisiones catalogadas por el primero como sinsentidos, fueran realmente enunciados , y no pretender registrar hechos sino influir a la gente de determinada manera o dar rienda suelta a las emociones.
    A través del segundo movimiento, entró en juego la idea de que existen diferentes usos del lenguaje. Se podría pensar que son infinitos, pero Austin plantea que no lo son, y que debe poder enumerárselos a todos.

    El tipo de emisión que el autor va a tratar parece un enunciado y presumiblemente será clasificada como tal; no es verdadero ni falsa y por cierto no carece de sentido. SI una persona realiza una emisión de este tipo, diremos que está haciendo algo en vez de meramente diciéndolo. Este tipo de emisiones son las que llamamos emisiones realizativas. (“bautizo a este barco Reina Isabel”).
    Estas emisiones deben realizarse en circunstancias apropiadas, y pueden implicar falsedades o veracidades, pero no ser verdaderas o falsas ellas mismas. Son, a su vez susceptibles de fracasar y llamamos infortunios a los factores que llevan a su fracaso, es decir a las ocasiones en que se rompen sus reglas básicas:
    1) La convención invocada debe existir y ser aceptada
    2) Las circunstancias para invocar el procedimiento deben ser apropiadas para su invocación

    Si alguna de estas 2 reglas no se observa, decimos que el acto a realizar es nulo, queda sin efecto. También si existen insinceridades: si no se tienen los sentimientos requeridos para la acción (“te felicito”), o si comprometen al emisor a una conducta determinada en el futuro y él no la cumple. (“Prometo que iré mañana”). También puede haber otros tipos distintos de infortunios, no nombrados aquí.
    En general, las emisiones realizativas presentan verbo en primera personal del singular del presente de la voz activa, o en segunda o tercera persona de la voz pasiva (“se solicita cerrar la puerta”). Pero estos criterios no son excluyentes, y a menudo algunas órdenes en imperativo (“cierra la puerta”) podrían cumplir la misma función.
    El autor establece hipotéticamente distintas clases de emisiones realizativas: las que nos comprometen a hacer algo, las que usamos para ejercitar poderes y derechos y algunas más. Entonces llama verbos realizativos explícitos a aquellos que se adapten a los criterios de una emisión realizativas explicita, y aquellas emisiones como “cierra la puerta” serían consideradas realizativas primarias.

    Austin, finalmente, descarta su descubrimiento, puesto que encuentra ambigüedades entre las emisiones realizativas y los enunciados tradicionales, que son también susceptibles de infortunios. Ciertas expresiones paradójicas como “El gato está en la alfombra pero yo no creo que esté” constituyen problemas en la definición del enunciado, pero ciertamente estos males también pueden encontrarse en las emisiones realizativas. En los enunciados se toma como única exigencia la falsedad o veracidad, pero cuanto más se piensa en ésta característica se encuentra que la mayoria no son totalmente ni lo uno ni lo otro. Si entonces lo pensamos con detenimiento, veremos que los enunciados no son después de todo tan distintos que las emisiones realizativas: enunciar es un acto justamente igual que lo es dar una orden o hacer una advertencia. Debemos evitar simplificaciones de este tipo, y tomar consciencia de que en definitiva estamos filosofando sobre actos de habla.
    Benveniste “La filosofía analítica y el lenguaje” (revive emisiones realizativas)

    Los filósofos de Oxford, como Austin, se han interesado por el estudio del lenguaje ordinario, tal como es hablado. No quieren usar el análisis lingüístico con el fin de resolver los problemas de la filosofía, pues éste les interesa por sí mismo. Como las lenguas se han desarrollado para responder a las necesidades de quienes se sirven, ellos estiman probable que sean precisas donde se requiere y vagas donde la precisión no haga falta.

    Austin niega que pueda poseerse un criterio justo para clasificar a una emisión de realizativas. Tenga éste o no razón, después de haber planteado una distinción y haberla diluido luego, no es por ellos menos cierto que se fundamenta de un hecho existente de la lengua, y que sea de interés estudiarlo.
    Hay ciertas alocuciones como “doy la bienvenida” que se han trivializado por el uso, por lo que no sirven como probatorias de los preformativos. Pero puede adelantarse una definición inicial, diciendo que son enunciados en que un verbo declarativo en primera persona del presente es constituido como un Dictum (o sea que “ordeno que la gente corra” sea representado por el dictum “la gente corre”.
    Hay que reconocer como auténticos y admitir como preformativos los enunciados que lo son de manera inaparente, porque solo implícitamente se ponen en boca de la autoridad habilitada para proferirlos (por ejemplo, en textos oficiales.), y también cuando el enunciado no emana de una voz autorizada pero sí la compromete a algo.

    El criterio para saber si un enunciado es preformativo o no no tiene que ver con el verbo, sino con que este enunciado cree una situación nueva. El performativo, siendo un acto, tiene la propiedad de ser único. Toda reproducción es un acto que realiza quien está calificado para ello. De aquí que podemos decir que es sui-referencial, refiere a una realidad que él mismo constituye.

    El imperativo, planteado como Austin como susceptible de ser performativo, no lo es: No es el resultado lo que cuenta, sino que el enunciado sea por sí mismo un acto. De hecho, el imperativo no es un enunciado en tanto que no sirve para construir una proposición con verbo personal, y no es performativo, porque no denomina el acto de palabra por realizar.
    No hay enunciado performativo que no contenga la mención del acto (“ordeno”), mientras que el imperativo podría ser reemplazado por cualquier otra cosa que produjera su mismo resultado, como por ejemplo un gesto.

    Otro caso de confusión, según Benveniste, es el de los letreros. Él dice que el contenido de un letrero es una señal lingüística, no una comunicación y menos un performativo. El letrero es una simple señal, a quien lo lee le toca sacar la conclusión que quiera respecto a lo que dice.

    Así, considera justificada y necesaria la distinción entre performativo y constativo, pero con la condición de que no se tome en consideración el “resultado obtenido”, que es fuente de confusión

    V.Camps “La mentira como presupuesto”

    1 – Mentira y juego de lenguaje

    Si la verdad no es un absoluto, tampoco deberia serlo la mentira. Ésta aparece como una convención más que debe ser aprendida. No obstante, la sinceridad sigue siendo considerada como el presupuesto primero de la comunicación, la condición inevitable del buen entendimiento.
    Austin afirma, con su teorización sobre los infortunios, afirma que lo que hace el lenguaje no es verdadero ni falso, sino que está bien o mal hecho. En lugar de errores o falsedades, habla de Infortunios, entre ellos los “abusos”, constituidos por la insinceridad del acto. Mentir no consiste en decir cosas falsas, sino insinceras (“mentir es lo contrario de lo que uno piensa, con la intención de engañar” – San Agustín-)

    2 - La mentira y los actos de habla

    ¿Cabe considerar a la mentira como un acto de habla? Señala Austin que la realización de un acto de habla no depende tanto de la disposición mental del hablante como del “ajustarse a un procedimiento convencional aceptado”. Tal convencionalidad es propia de la ilocución (lo que hacemos al decir algo), pero no de la perlocución (lo que hacemos por el hecho de decir algo). Persuadir, convencer, asustar, alarmar, son perlocutivos cuya realización no depende de usar determinadas expresiones o de situarlas en el contexto adecuado, sino de la habilidad y astucia del hablante y de la debilidad del oyente, es decir de circunstancias no siempre previsibles desde fuera ni del todo controlables. El ilocutivo es siempre un acto físico, un “decir algo”, el perlocutivo no consiste en un acto de decir, lo que permite afirmar que
    1) el perlocutivo no se puede hacer explícito porque entonces pierde eficacia
    2) El perlocutivo puede ser intencionado o inintencionado.

    La intención de engañar, el “decir lo contrario de lo que se piensa”, desde la perspectiva de Austin en su búsqueda de eliminar la dicotomía falsedad veracidad, será un simple acto de decir insincero, es decir, transgresor de un requisito importante para ciertos actos de habla (puesto que incluso las teorías convencionalistas del lenguaje no dejan de considerar a la verdad o sinceridad como un requisito presupuesto conversacional.
    Desde otra perspectiva, es cierto que la mentira no consiste sólo ni siempre en la intención de engañar. El perlocutivo de engañar exclusivamente, el “mentir por mentir” no existe, no se da nunca. La mentira es un recurso. Seguimos, pues sin poder desprendernos de la verdad o la sinceridad como condición básica de la comunicación. La mentira no es sino un abuso del lenguaje, lo cual se pone de manifiesto en que el acto de mentir, al ser descubierto, necesita de razones o excusas que justifiquen la improcedencia del acto. La verdad, en cambio, no las precisa.

    3 – Mentira y competencia comunicativa.

    Aun cuando aceptemos que la verdad es el presupuesto comunicativo básico, la mentira es de uso corriente en el lenguaje. La competencia lingüística habrá de incluir el conocimiento de ese juego como condición sin la cual el dominio del lenguaje no es total.
    Hay formas usuales de mentir con distintos fines:
    1. El lenguaje de ficción es no verdadero, pero no es mentiroso porque no reviste intencionalidad de engañar.
    2. El lenguaje político es un lenguaje que promete y trata de persuadir. No es mentiroso sin más: miente porque manipula, porque es demagógico. Los intereses pragmáticos se sobreponen a cualquier interés
    3. El lenguaje publicitario usa la exageración para persuadir. Hace que nada de lo anunciado pueda ser tomado o entendido literalmente por nuestro conocimiento de la situación, pero no por eso deja de ser, cuanto menos, manipulador
    4. El lenguaje religioso miente en la medida que usa la analogía: la divinidad no puede conocerse, y por eso hace analogías con las criaturas terrenales.
    5. El lenguaje cotidiano incluye siempre expresiones mentirosas: las convenciones de saludos, expresiones de alegría, etc
    6. El lenguaje profesional, como el del médico, a veces debe mentir por razones paternalistas.

    En todos estos casos, hablamos de “mentiras”, entre comillas porque son medio aceptadas, pues en ellas las mentiras son presupuestas por el uso normal y habitual de este tipo del lenguaje. Ahora bien, ese presupuesto es lícito en algunos casos y en otros no. Pero en ese tipo de mentiras, las transgresiones son más bien morales que lingüísticas.

    4 – mentira y violencia

    ¿Qué distingue la mentira propiamente dicha, la mentira reprobable, de la que no lo es? Seguramente, la respuesta está en considerar a la mentira como una forma de violencia: sólo la justifica la aceptación por parte del violentado, en que ambos términos de la comunicación sepan que se está mintiendo. La mentira se justifica cuando hay complicidad, por eso la mentira se relaciona con la competencia lingüística: sólo se miente de verdad cuando la competencia es asimétrica. Pero cuando hay competencia simétrica el engaño se vuelve ironía, una forma refinada del mentir. Aprender el juego de la mentira es aprender las posibilidades de manipulación y engaño que encubre el hecho de hablar, ese “disfraz” del pensamiento.
    Lo que hace de la mentira una injusticia es la intención de engañar, la no consideración del otro como igual, la utilización del otro como un medio. El perlocutivo no es mentir o engañar: la mentira permanece oculta, no aparece, porque si es detectada pierde su efecto. Es la realidad la que hace que la competencia no esté repartida equitativamente, y le facilite a los más competentes la acción de mentir.


    Eco: “La estrategia de la ilusión. Lo cómico y la regla”

    Se dice que lo trágico y lo dramático son universales. En cambio, lo cómico parece ligado al tiempo, a la sociedad, a la cultura. Puede objetarse que existen ciertas comicidades universales: La tarta en la cara, las caídas. Pero lo trágico que perdura no es sólo lo trágico universal, sino las tragedias más particulares. No basta decir que en la tragedia simpatizamos con la víctima, ni que nos sentimos superiores ante el personaje de la comedia, con el que no nos identificamos. Pero podemos decir que este último transgrede una regla que a nosotros nos gustaría romper: El personaje la paga por nosotros, que disfrutamos la ruptura pero no queremos correr ningún riesgo.
    Pero aquí no termina la cuestión: lo gracioso no se basa solo en la inferioridad del personaje y la transgresión de la regla. Abarca también la pregunta siguiente: ¿Cuál es nuestro conocimiento de la regla violada?. En lo trágico las reglas son necesariamente universales. Es universal, por ejemplo el horror por el incesto. Este género se detiene largamente en la explicación sobre la naturaleza de la regla: sólo así comprendemos la violación y sus consecuencias. Lo trágico justifica la violación, pero no elimina la regla. Por esto es universal: explica siempre porqué el acto trágico debe infundir temor y piedad.

    Las obras cómicas, en cambio, dan la regla por descontada y no se preocupan por reiterarla (esta es la hipótesis que plantea Eco). Las reglas que se violan son reglas comunes, prácticas: La tarta en la cara hace reír porque se supone que las tartas se comen y no se estrellan en la cara de los demás.
    Las normas más comunes y mas violadas por lo cómico están clasificadas en las reglas de conversación de Grice (Aunque no sean las únicas):

    1- Máxima de la cantidad: Sé tan informativo como la situación lo requiera
    2- Máxima de la calidad: no decir lo que se crea que es falso, y no decir nada de lo cual no se tengan pruebas adecuadas.
    3- Máxima de la relación: Sé pertinente
    4- Máxima de la manera: Evita las expresiones oscuras y ambigüas, sé breve y evita prolijidades inútiles, sé ordenado.

    Lo cómico parece liberador porque concede licencia para violar la regla. Pero la concede a quien la tiene tan interiorizada como para considerarla inviolable. El carnaval puede acontecer sólo una vez al año, porque se debe observar la regla todo un año para que su rotura pueda ser gozada.

    El humorismo, en que no me siento superior al personaje animalesco, sino que empiezo a identificarme con él, opera como lo trágico, excepto porque la regla no se reitera pero sí aparece oculta en la enunciación, como la voz del autor que reflexiona sobre los preceptos que el personaje debería seguir. Así, el humorismo no sería, como lo cómico, víctima de la regla que presupone, sino que se presentaría como su crítica consciente y explícita

    Chomsky: “El conocimiento del lenguaje” (Racionalista)

    Capítulo 1: EL CONOCIMIENTO DEL LENGUAJE COMO OBJETO DE INVESTIGACIÓN.
    La “gramática particular” no es una ciencia en el sentido de la tradición racionalista, porque no se basa en leyes universales y necesarias: Se trata de un arte o técnica que evidencia la forma en que las lenguas concretas encarnan los principios. Con respecto a la adquisición del conocimiento, históricamente fue muy sostenida la idea de que la mente no es algo a llenar desde el exterior, sino algo a ser despertado, que se desarrolla a causa del propio vigor interno, aunque puedan intervenir causas externas. Estas ideas fueron desaprobadas por la lingüística del siglo 19 y hasta los años cincuenta, por el impacto del empirismo, y luego por la doctrina conductista.
    Tras un siglo de abandono, estas ideas volvieron a surgir a mediados de los 50, con el desarrollo de lo que se dio en llamar “Gramática generativa”.
    La Gramática generativa de una lengua particular (o explícita) es una teoría cuyo objeto es la forma y el significado de las expresiones de esa lengua. Se limita a sí misma a ciertos aspectos del panorama general: le interesan aquellos aspectos de la forma y el significado determinados por la “facultad lingüística”, concebida como un componente particular de la mente humana.
    De la “Facultad lingüística” se ocupa la Gramatica universal, que pretende descubrir el sistema de principios y elementos comunes a las lenguas humanas conocidas. La GU se puede considerar como una caracterización de la facultad lingüística genéticamente determinada: es un estado inicial de la facultad lingüística, previo a toda experiencia. Se puede concebir esa facultad como un “instrumento de adquisición del lenguaje”, un componente innato de la lengua que permite acceder a una lengua particular mediante la interacción con la experiencia.

    Esta teorización sobre la gramática generativa desplazó el objeto de estudio de la lingüística: de la conducta o sus productos, a los estados de la mente que entran dentro de la conducta. La gramática generativa lleva entonces a tres preguntas básicas (1):
    i) ¿Qué es lo que constituye el conocimiento del lenguaje?
    se responde con una gramática generativa particular, que trata el estado de la mente-cerebro de la persona que conoce un lenguaje particular
    ii) ¿Cómo se adquiere el conocimiento del lenguaje?
    Se responde con la GU, en combinación por las formas en que sus principios interaccionan con la experiencia para obtener una lengua determinada.
    iii) ¿Cómo se utiliza el conocimiento del lenguaje?
    Se responde con una teoría de cómo el conocimiento de la lengua en cuestión entra en la expresión del pensamiento y en la comprensión de ejemplares lingüísticos

    Hay posiciones que sostienen que los seres humanos adquirimos el lenguaje mediante la aplicación de ciertos mecanismos generales de aprendizaje, simplemente de forma más efectiva que los animales. En la medida que descubramos las propiedades del logro, y sean específicas del lenguaje, o bien estén organizadas para tal fin de una manera determinada, entonces existirá una gramática generativa diferenciada.

    Las gramáticas tradicionales y estructuralistas no trataron los problemas de (1), las primeras a causa de su dependencia implícita de la inteligencia del lector (que estaba fuera de análisis), y las segundas a causa de la estrechez de sus miras, de su gusto por la simplificación.
    Pero la gramática generativa y la tradicional tienen intereses complementarios: mientra que la primera trata sobre los principios que llevaron al lector a un completo conocimiento de una lengua, la segunda elabora una lista completa de excepciones, paradigmas y ejemplos, auque sin examinar cómo el lector hace uso de esa información para poner en movimiento al lenguaje.


    Los planteos empiristas de adquisición del lenguaje son, en apariencia, irrealizables. Esto queda claro con “el problema de Platón”: el problema de la pobreza de los estímulos, de su insuficiencia para lograr un sistema tan complejo. Sin instrucción o datos, los niños usan reglas sin equivocarse, que dependen de la estructura y son computacionalmente complejas. El niño sabe resolver muchas ambigüedades correctamente.

    A menudo se caracteriza el conocimiento del lenguaje como una habilidad práctica para hablar y comprender. El uso común establece una distinción entre las 2 cuestiones, lo cual es correcto. Dos personas pueden compartir exactamente el mismo conocimiento del lenguaje pero diferir grandemente en su uso. La habilidad puede incluso resultar dañada sin que haya pérdida de conocimiento, de modo que no pueda emplearse el conocimiento, y que sin embargo éste siga existiendo.
    Por tanto, no se puede reducir el conocimiento a la habilidad, y si se hace tal intento es con el fin de evitar los aspectos problemáticos de trabajar con el concepto de conocimiento.

    Parece que carece de futuro, además, la explicación de nuestro conocimiento en términos como analogía, inducción, asociación, etc. Nuestro conocimiento asocia, induce y hace algunas analogías, pero no otras, y siempre en maneras muy específicas.
    Debemos entonces, concebir el conocimiento del lenguaje como un cierto estado de la mente-cerebro, que una vez que se alcanza es relativamente estable, y conforma una facultad de la mente (la facultad lingüística), con sus propiedades, estructuras y organización. En definitiva, como un módulo de la mente.


    Capítulo 2: LOS CONCEPTOS DEL LENGUAJE

    2.1 EL CONCEPTO COMÚN Y LAS DESVIACIONES RESPECTO A ÉL
    Chomsky cree que los enfoques científicos se alejan de las nociones comunes en varias formas. En primer lugar, la noción común tiene una dimensión sociopolítica crucial: hablamos de chino, cuando hay muchos dialectos del chino, muy diferentes entre si. Suele decirse en los cursos de lingüística que una lengua es un dialecto con un ejército y una armada. La noción común también tiene elementos normativos-teleológicos que se eliminan en los enfoques científicos.
    La lingüística moderna obvió estas cuestiones y tomó en consideración una comunidad lingüística idealizada, que fuera internamente consistente en su práctica lingüística, dejando de lado los aspectos sociopolíticos o teleológicos normativos antes nombrados. Lo mismo sucede con los enfoques que consideran la lengua como un producto social (Saussure). La lingüística estructuralista también hizo esta abstracción.
    Estas idealizaciones parecen indispensables. Parece absurdo negarlas, pues hacerlo seria suponer que una lengua sólo se puede aprender en condiciones de diversidad y experiencia inconsistentes. Aislamos una parte de la facultad lingüística para su estudio. Chomsky da por supuesta otra idealización: que la propiedad de la mente descrita por la GU es común a todos los seres humanos (exceptuando casos patológicos)

    2.2. LA LENGUA EXTERIORIZADA (LENGUA – E)
    La lingüística estructuralista, la psicología conductista y otras disciplinas contemporáneas conciben el lenguaje como una colección de formas lingüísticas emparejadas con significados, o como un sistema de sonidos y un sistema asociado de conceptos (Saussure).
    Nos referiremos a estos conceptos como casos de “lengua exteriorizada”, en tanto que lo constituido se concibe de forma independiente de las propiedades mente-cerebro. Desde este punto de vista, una gramática es una colección de enunciados descriptivos referentes a la LENGUA-E: los acontecimientos lingüísticos potenciales o reales. El objeto de investigación será la lengua-e, y no la gramática, que es solo un derivado: no se puede considerar verdadera una gramática y falsa otra si ambas caracterizan correctamente la misma lengua-e.

    2.3. LA LENGUA INTERIORIZADA (LENGUA-I)
    Existe una cierta noción de estructura en la mente del hablante, que lo guía en la construcción de expresiones propias y nuevas. La lengua-i constituye un elemento de la mente de la persona que conoce una lengua, que adquiere quien la aprende. Si se toma como objeto de estudio, la gramática sería entonces una teoría de la lengua-i; y si es cierto que hablamos de una estructura, entonces hay cuestiones de verdad y falsedad en la gramática, como en cualquier teoría científica. Los enunciados de la gramática serán por tanto enunciados sobre estructuras del cerebro. Entonces la GU se construye como la teoría de las lenguas-i humanas, un sistema de condiciones derivadas de nuestra dotación biológica, que identifica a las lenguas-i que son humanamente accesibles en condiciones normales.

    2.4. EL DESPLAZAMIENTO DE LA LENGUA-E A LA LENGUA-I
    2.4.1 Sobre las razones para el desplazamiento
    Una GU no es un conjunto de enunciados sobre objetos enunciados y exteriorizados de alguna forma u otra: percibe delinear qué es lo que alguien sabe cuando conoce una lengua, qué es lo que ha aprendido de acuerdo a principios innatos. Es una caracterización de estos principios innatos que constituyen un componente de la mente: la facultad lingüística.
    La lengua-E, que fue el objeto de estudio en la mayor parte de las gramáticas estructuralistas se considera ahora como un epifenómeno. Se puede argumentar que el estatus de la lengua-E es más oscuro que el de la lengua-i, puesto que sus límites pueden delimitarse dependiendo de decisiones arbitrarias.
    Se imponía el desplazamiento principalmente por dos razones
    1) Las lenguas – i no son objetos del mundo real, sino constructos artificiales, de alguna forma arbitrarios y quizás no demasiado interesantes. En contraste el estado estable del conocimiento obtenido y el estado inicial son elementos reales de mentes-cerebros particulares. Las afirmaciones de la lengua-i sobre estos estados son afirmaciones verdaderas o falsas sobre algo real y determinado, y la lingüística quedará incorporada a las ciencias naturales en tanto se descubran los mecanismos con las propiedades reveladas por estos estudios de una abstracción superior
    2) Estudio de la noción común de lengua: Las reglas de la lengua no son un conjunto infinito de acciones potenciales, sino reglas que constituyen una lengua, como las reglas de una partida de ajedrez, siendo que el juego de ajedrez no se constituye por los movimientos que se realicen sino por las reglas en sí.

    2.4.2. La base empírica del estudio de la lengua-i
    En la práctica real, la lingüística se caracteriza con datos que provienen en buena medida de los juicios de los hablantes nativos. Tendemos a actuar bajo el supuesto de que esos juicios del informante nos proporcionan datos directos sobre la estructura de la lengua-i, pero esto es inexacto. En principio, los datos referentes al carácter de la lengua-i y del estado inicial podrían provenir de fuentes muy diferentes. Tal como se practica habitualmente, el estudio lingüístico podría desaparecer como disciplina, en la medida en que aparecieran otras clases de datos.
    La tarea de descubrir las propiedades del estado inicial y el obtenido de una lengua podría pasar a las ciencias de cerebro, en tanto se ocupan de las estructuras que las sustentan.

    2.4.3. Algunas consecuencias del desplazamiento del objeto
    En lo referente a la estructura fónica, un estudio de la lengua-E buscaría descubrir los elementos, las propiedades y la disposición en que se subdivide el flujo del habla. Desde la lengua-i, sin embargo, el problema consistiría en encontrar las representaciones mentales que subyacen a la producción y la percepción del habla, y las reglas que relacionan esas representaciones con los aspectos físicos del habla.
    Al mismo tiempo, Chomsky considera que la semántica de la gramática estructuralista no es realmente semántica, porque no estudia la relación del lenguaje con el mundo realmente. Esto cambiaría radicalmente con el estudio de la lengua-I, con una interpretación mentalista.

    Autor: Guillermo Alfonso
    (cualquier pregunta x face)

    Parte 2 ACÁ
    (No pude poner todo junto porque era demasiado largo)

      Fecha y hora actual: Miér Nov 22, 2017 1:03 pm